viernes, 2 de mayo de 2014

Capítulo 26

Cuando llegamos a nuestra planta, Eleanor se contiene para no estamparme contra una pared. Me ha regañado demasiado por mi comentario en la entrevista acerca de los profesionales, y cuando por fin se calma, nos felicita a los dos por el resto de la actuación. Los avox nos preparan un chocolate caliente y nos sentamos todos en los mullidos sillones.
Ignatus no para de elogiarnos, y dice que se siente orgulloso de mí por plantarles cara a los profesionales. 
Yo sonrío, victoriosa, pero la preocupación por Nathaniel y Cassie acude de nuevo a mi mente. 
Nos dan las últimas tácticas de combate y supervivencia (que suelen ser las mismas de siempre), y se despiden de nosotros.
Cyntia se echa a llorar, nos coje las mejillas y las espachurra con fuerza antes de marcharse.
Ignatus nos da un fuerte abrazo y me acaricia el pelo, antes de irse susurra un "fuego" que solo yo oigo. 
Nos quedamos solos con Eleanor, que también nos abraza y nos da un beso en la mejilla. 
Agarra el colgante que le di antes y lo oprime contra su pecho.
-Pase lo que pase en estos Juegos...sabed que estoy orgullosa de vosotros, y que de verdad odio con todas mis fuerzas que os halla sucedido esto- 
Los dos sonreímos, yo conteniendo las lágrimas, y vemos como Eleanor desaparece por la esquina.
Nathaniel y yo nos miramos un buen rato, hasta que me sujeta la mano con delicadeza y la besa.
Siento como me ruborizo, y me suelto para ir a mi dormitorio.
Me quito el vestido, que lleva asfixiandome desde que acabó el show, me desmaquillo y me pongo un pijama que me queda grande.
Me envuelvo entre las sábanas, y a los cinco minutos no reprimo el llanto. Por mis amigos, por mi familia, por mis mentores, por los otros tributos...por mí. 
Empapo la almohada de lágrimas, y cuando ya me he calmado, noto como llaman a la puerta.
Me acerco a abrir, y distingo el rostro de Nathan en la oscuridad.
Él debe de notar que he estado llorando, porque me acaricia la mejilla y me seca las lágrimas con el pulgar.
Vamos hasta la cama y nos tumbamos, yo sobre su pecho, y nos cubrimos de nuevo con las mantas. 
-No va a pasar nada, todo va a estar bien- me susurra, noto su cálido aliento contra mi oído. 
Le acaricio el pelo y asiento con la cabeza, aunque los dos sabemos que no dice la verdad. 
Me incorporo un poco, hasta que nuestros rostros quedan casi pegados, y él roza mis labios con cariño. 
Nos besamos, quizás por última vez.
En la Arena trataremos de no mostrarnos mucho afecto. 
Disfruto y bebo de la sensación de tenerle a mi lado, hasta que el sueño puede conmigo y los párpados se me cierran.
Los dos nos quedamos dormidos, noto su respiración lenta y reconfortante. 
Tengo pesadillas continuamente, pero estar entre sus brazos me tranquiliza. 

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