69° Juegos del hambre
miércoles, 28 de mayo de 2014
Capítulo 27
Despierto envuelta en sábanas.
Me levanto de un salto, despegándome del sueño, y le miro.
-¿Te he despertado? Lo siento...-susurra Nathaniel mirándome a los ojos.
-No habría podido dormir mucho mas- cojo aire y lo expulso lentamente.
Apenas ha salido el sol, pero a los pies de mi cama está parte del uniforme que llevaremos en la arena.
Lo observo con el ceño fruncido, las ganas de llorar me invaden.
Nathan me besa la frente.
-Tranquila...yo estaré a tu lado-
Estiro las mangas del pijama hasta que mis manos desaparecen en ellas.
-Lo sé- beso su mejilla y trato de sonreír.
-Voy a cambiarme, nos veremos luego- se despide con tranquilidad y sale del cuarto en silencio.
Me quedo unos minutos mirando a la nada, lamentándome y con un nudo en el estómago.
Pero me prohibo llorar, me levanto y acerco el uniforme hasta mi.
Cuando me lo pongo, me asomo al espejo.
Consta de una camiseta negra de tirantes, muy ajustada, y unos pantalones algo mas anchos, del mismo color y llenos de bolsillos. Un poco mas arriba de las rodillas hay unas cremalleras, que permiten deshacerse de una parte de los pantalones.
El calzado es lo mas extraño.
Son como dos moldes que he ajustado a mis pies hasta la altura de los tobillos, y son cálidos y suaves.
La suela es dura y parece muy resistente.
Me peino sin apenas darme cuenta, y dejo el cabello suelto.
Me doy cuenta de que he tirado al suelo unos guantes de belcro, que se ajustan en las muñecas y se cortan en la mitad de los dedos.
Acaricio el terciopelo de la alfombra, y luego voy hasta el comedor.
Varios avox están colocados en las esquinas, y me miran fijamente.
Corto una tostada por la mitad y me obligo a tragármela, aunque siento ganas de vomitar.
Bebo algo de agua, y espero a Nathan.
Aunque cuando viene no hablamos mucho. Nos cogemos de la mano, e intentamos ser fuertes.
Al cabo de no sé cuanto tiempo aparecen Eleanor e Ignatus, acompañados de unos cuantos agentes de la paz, para llevarnos a los aerodeslizadores.
Nos obligan a separarnos, mi mentora se va con Nathaniel, y empiezo a sentir mareos.
Ignatus me guía, apoyándose en un bastón de madera, con un par de agentes a nuestras espaldas.
Llegamos a las puertas del aerodeslizador, el viento me golpea el rostro...y solo tengo ganas de salir corriendo. Mi mentor nota que me tambaleo, y me sujeta los hombros.
-Demetria, puedes hacerlo. Puedes ganar- me mira a los ojos fijamente, veo confianza en ellos.
Asiento con la cabeza, no puedo hablar. Le abrazo con torpeza, y él me devuelve el abrazo.
-Y recuerda...fuego- susurra.
-Fuego- repito sin más, antes de que me sujeten por los codos y me separen de Ignatus, que se despide con la mano.
Un hombre con una bata de científico me hace extender el brazo y me clava una especie de inyección, que supongo será el localizador.
Durante el trayecto, los profesionales hablan, y nos miran con desdén.
Ariadna sonríe con maldad y me mira, crujiendo sus nudillos.
Me dejan en una sala, con varios sillones y una bandeja, con Niglan esperándome y el tubo para ascender a la Arena a su lado.
Me tiende un forro polar marrón oscuro, que me llega hasta los codos, y me coge varios mechones de pelo para trenzarlos y hacer diseños extraños con ellos. Luego me recoge el cabello entero en una coleta que me cae por la espalda.
-Es la hora. Buena suerte-me roza el brazo y me ayuda a meterme en el tubo.
Coloco los pies en el cilindro y empiezo a temblar con violencia.
La puerta de cristal se cierra, y puedo oír la voz mecánica empezando la cuenta atrás desde los dos minutos. Mi base comienza a ascender, y los ojos de Niglan me siguen, impasibles.
Me muerdo el labio con fuerza y miro hacia arriba.
La luz del sol invade mi vista unos segundos, pero al final me acostumbro.
La Cornucopia está cubierta de armas, pero sin embargo, encuentro pocas mochilas.
"Treinta, veintinueve, veintiocho..."
Veo a Nathaniel, que me mira también.
Aprieto los puños para no salir de mi cilindro.
"Diez, nueve,ocho..."
Justo entonces el chico del distrito 12 pega un grito y pone un pie fuera de su sitio, y la plataforma explota. Doy un respingo y estoy a punto de soltar un grito de terror.
La cuenta empieza de nuevo desde veinte segundos.
Ante nosotros hay un gran muro, con salientes, recodos y puntos de apoyo.
A los lados hay espacio, puedo ver una gran masa de árboles y opto a salir corriendo por allí.
"Tres, dos uno...¡Que comiencen los sexagésimo novenos Juegos del Hambre, y que la suerte esté siempre de vuestra parte!"
Suena el cañonazo, y salgo corriendo a toda velocidad, sin perder de vista a Nathaniel. Cojo dos cuchillos y una mochila extremadamente pequeña, y evito un hacha que me casi me corta la cabeza.
Pongo rumbo a los extremos del muro, cuando veo a la niña pequeña del 12 electrocutarse con el aire. Es un campo de fuerza.
Entonces empiezo a escalar el gran muro,temblando, con Nathan a unos milímetros, y entreviendo como la sangre corre por el césped y a los profesionales repartiendo cuchilladas y atravesando cuerpos de niños inocentes.
viernes, 2 de mayo de 2014
Capítulo 26
Cuando llegamos a nuestra planta, Eleanor se contiene para no estamparme contra una pared. Me ha regañado demasiado por mi comentario en la entrevista acerca de los profesionales, y cuando por fin se calma, nos felicita a los dos por el resto de la actuación. Los avox nos preparan un chocolate caliente y nos sentamos todos en los mullidos sillones.
Ignatus no para de elogiarnos, y dice que se siente orgulloso de mí por plantarles cara a los profesionales.
Yo sonrío, victoriosa, pero la preocupación por Nathaniel y Cassie acude de nuevo a mi mente.
Nos dan las últimas tácticas de combate y supervivencia (que suelen ser las mismas de siempre), y se despiden de nosotros.
Cyntia se echa a llorar, nos coje las mejillas y las espachurra con fuerza antes de marcharse.
Ignatus nos da un fuerte abrazo y me acaricia el pelo, antes de irse susurra un "fuego" que solo yo oigo.
Nos quedamos solos con Eleanor, que también nos abraza y nos da un beso en la mejilla.
Agarra el colgante que le di antes y lo oprime contra su pecho.
-Pase lo que pase en estos Juegos...sabed que estoy orgullosa de vosotros, y que de verdad odio con todas mis fuerzas que os halla sucedido esto-
Los dos sonreímos, yo conteniendo las lágrimas, y vemos como Eleanor desaparece por la esquina.
Nathaniel y yo nos miramos un buen rato, hasta que me sujeta la mano con delicadeza y la besa.
Siento como me ruborizo, y me suelto para ir a mi dormitorio.
Me quito el vestido, que lleva asfixiandome desde que acabó el show, me desmaquillo y me pongo un pijama que me queda grande.
Me envuelvo entre las sábanas, y a los cinco minutos no reprimo el llanto. Por mis amigos, por mi familia, por mis mentores, por los otros tributos...por mí.
Empapo la almohada de lágrimas, y cuando ya me he calmado, noto como llaman a la puerta.
Me acerco a abrir, y distingo el rostro de Nathan en la oscuridad.
Él debe de notar que he estado llorando, porque me acaricia la mejilla y me seca las lágrimas con el pulgar.
Vamos hasta la cama y nos tumbamos, yo sobre su pecho, y nos cubrimos de nuevo con las mantas.
-No va a pasar nada, todo va a estar bien- me susurra, noto su cálido aliento contra mi oído.
Le acaricio el pelo y asiento con la cabeza, aunque los dos sabemos que no dice la verdad.
Me incorporo un poco, hasta que nuestros rostros quedan casi pegados, y él roza mis labios con cariño.
Nos besamos, quizás por última vez.
En la Arena trataremos de no mostrarnos mucho afecto.
Disfruto y bebo de la sensación de tenerle a mi lado, hasta que el sueño puede conmigo y los párpados se me cierran.
Los dos nos quedamos dormidos, noto su respiración lenta y reconfortante.
Tengo pesadillas continuamente, pero estar entre sus brazos me tranquiliza.
sábado, 26 de abril de 2014
Capítulo 25
Mis tacones resuenan por el pasillo, iluminado con una luz tenue y cálida.
Niglan se ha marchado hace apenas dos minutos para sentarse entre el público, y me ha dejado sola. Aunque Nathan no tarda mucho en aparecer a mi lado.
Su cabello está peinado, pero sigue teniendo ese toque alocado.
Lleva un traje rojo vino, y hay una gran sonrisa dibujada en su perfecto rostro.
-Estás preciosa- dice tendiéndome la mano.
Entrelazo mis pálidos dedos entre los suyos, y su olor a limpio invade mi nariz.
Cierro los ojos un momento, y noto cómo me alza la barbilla y junta nuestros labios.
Correspondo con cariño a su gesto, y al cabo de un rato nos separamos unos milímetros.
Me observa de arriba a abajo con detenimiento, y yo hago lo mismo.
Después, en silencio, vamos hacia nuestros mentores.
Sólo nos espera Eleanor.
Sonríe con cansancio, y me fijo en que lleva mi colgante alrededor del cuello.
-No han permitido venir a Ignatus...está en su cuarto con la televisión encendida, y espera veros brillar esta noche-
Asentimos con la cabeza a la vez, con tristeza. Siento ganas de aporrear a los profesionales una y otra vez, pero me dedico a apretar los puños y a seguir escuchando.
-Quiero ver vuestras sonrisas más realistas, más grandes que en el desfile de carrozas. Sed dulces, bromistas, simpáticos con Caesar. Demi, mándale besos al público-
Hago una mueca -Pero...no puedo, son todos repulsivos, me entrarán ganas de vomitar-
-Sin peros- dice con seriedad y le coloca el cuello de la camisa a Nathaniel, y luego me acaricia el pelo.
-Estoy orgullosa de vosotros- sus facciones se suavizan.
Nos miramos, yo la dedico mi mejor sonrisa.
-Trataremos de conquistarles- la aprieto el hombro con suavidad, y la dejamos sola mientras vamos con el resto de tributos.
Suelto la mano de Nathan, y nos encaminamos hacia nuestros contrincantes de mañana, donde todo será un baño de sangre.
Saludo a Cassie con la mano y ella ríe. Está guapísima. Lleva un vestido violeta y de gasa que le queda por encima de las rodillas, y un corsé ajustado que le resalta todas las curvas.
Tiene media cara cubierta por una máscara plateada con pedrería, y tiene el pelo suelto y castaño lleno de ondas y rizos. Sus tacones son de plataforma y muy altos, y lleva una gargantilla literalmente pegada al cuello.
Hay algunos chicos mirándola embelesados, y yo oculto una risita. Una voz mecánica nos pide que tomemos asiento.
Me fijo en lo profesionales. El vestido de Ariadna es negro y corto, y lleva el pelo en una cola de caballo. Me lanza miradas asesinas, y yo las sostengo con rabia.
Katrynna lleva otro igual de corto y rosa chillón, le han dibujado algunas flores en el rabillo del ojo.
Oigo la voz de Caesar inundar el escenario y al público gritando con fuerza.
Van nombrando a todos los tributos. Cassie es un éxito, todo el mundo la adora.
El chico del ocho vuelve.
-¡Demetria Gillersone, Distrito nueve!- exclama Caesar, yo me pongo en pie y avanzo hacia el escenario dirigiéndole una última mirada a Nathaniel.
Mi rostro se ensancha en una gran sonrisa cuando veo al público saltar de alegría, vitoreando y chillando como locos.
Caesar extiende el brazo, yo le tiendo la mano y me la besa.
-¡Pero que guapa estás!- dice riendo y me invita a tomar asiento.
Antes de hacerle caso doy una vuelta sobre mí misma y le lanzo besos al público, que enloquece.
-Nos encantas a todos- dice con entusiasmo y sonríe con todos los dientes.
-Pues me encanta encantaros- le guiño un ojo y él suelta una exclamación satisfactoria.
-Pareces muy dulce...¡y lo eres! Pero nos han contado tu pequeño acto de esta tarde durante los entrenamientos...¿Qué puedes contarnos respecto a eso?-
Mi rostro se ensombrece levemente.
-Bueno...no me gustan las faltas de respeto, y creo que ya era hora de bajarles los humos a esos profesionales- me obligo a sonreír con picardía, y en el acto me doy cuenta de que he metido la pata hasta el fondo. Pero el público suelta una ovación.
-Parece que estás algo furiosa..-murmura Caesar sonriente.
-Puede que lo esté- suelto una risita tonta y pestañeo.
Caesar resopla con exageración y me acaricia el hombro.
-¡Parece que vas a ser dura...Demetr...!-
-Demi, llámame Demi- sonrío adorablemente.
-¡Me gusta ese apodo! ¿Y a vosotros?- El público ruge a modo de respuesta.
-Bueno,Demi...lamentablemente el tiempo se ha agotado, pero esperamos seguir viéndote en los Juegos- ríe con estruendo y me da dos besos, se despide frenéticamente con la mano, yo doy otra vuelta sobre mí misma y me despido de todos los del Capitolio que están allí como perros babosos.
Oigo los comentarios de Caesar piropeándome y el nombre de Nathaniel.
Nos cruzamos y él me sonríe, yo hago lo mismo.
Me reuno con Cassie y la felicito antes de que Nathaniel comience con su entrevista.
Ella me guiña el ojo y me susurra:
-Tu también has estado genial, pero ahora nos darán caza antes...- noto un destello de preocupación en su voz, y estrecho tu mano.
-Tranquila- digo en el mismo tono y observamos a Nathaniel.
También se le da de lujo, interactúa con la gente y tiene respuestas muy ingeniosas.
Cuando vuelve tengo que reprimir darle un abrazo.
lunes, 21 de abril de 2014
Capítulo 24
Me pego todo lo que puedo a la esquina del ascensor y me tapo el rostro con las manos.
Noto las de Nathaniel sobre éstas, cálidas y fuertes.
-No sé lo que me ha pasado- digo entre sollozos.
-Será la presión- dice y me abraza con fuerza, yo me refugio entre sus brazos.
-Sólo quiero que todo esto acabe- susurro, y las puertas se abren con apenas un chirrido. Salimos fuera.
-Venga, no llores más. Se lo merecían, aunque quizás no debiste hacerlo. Querrán darte caza la primera-
Me da un vuelco al corazón. Eso implica que Cassie y él también están en peligro.
Me besa en la mejilla con cariño y luego añade:
-Mejor vete, tienen que prepararnos para las entrevistas- sonríe con dulzura.
-Espera- digo antes de que se marche.
Voy hasta él y enredo los dedos en su pelo. Me pongo de puntillas y le beso suavemente.
El sonríe sobre mis labios y me coge por la cintura.
Nos quedamos mirando un rato, hasta que oímos los tacones de Cyntia acercarse.
Nos separamos a la velocidad del rayo.
-¡Chicos! Vuestros estilistas os esperan- da palmaditas nerviosas y sonríe.
-Ya vamos- Nathan habla por mí, yo camino hasta la sala donde me espera mi equipo de maquillaje.
Todos ellos empiezan a parlotear sobre mi buena puntuación y sobre lo bien que tengo la piel todavía. Aunque me regañan por tener los labios cortados y las cejas mal peinadas.
Estoy a punto de echarme a reír, pero solo sonrío ampliamente.
Me meten en la bañera de agua caliente. Huele a lavanda, tiene un montón de burbujas y espuma.
Cierro los ojos y dejo que me apliquen las toneladas de cremas que creen necesarias (aunque mi piel estaba perfectamente desde que me la trataron la primera vez)
Me alisan el pelo y hasta que consiguen que caiga por la espalda, con un color rojo brillante y deslumbrante.
Me llenan de polvos de colorete el rostro, y pintan mis pestañas y mis ojos de negro.
Los labios, carnosos y rojos, sólo los retocan con algo de brillo.
Me ahogan en perfume y me cubren con un albornoz de seda.
Me dejan descansando en un mullido sillón hasta que Niglan aparece y me lleva hasta otra salita, con infinidad de espejos y un maniquí con mi vestido para esta noche.
Es largo, con vuelo, de color azul marino. Suelta pequeños destellos por la parte de arriba,que me deja al descubierto los hombros, y cuando me acerco veo que son diamantes diminutos.
La parte de abajo es abultada y preciosa.
-Parece de princesa...- susurro asombrada.
-Es lo que pretendo- se encoge de hombros y me ayuda a ponérmelo. Estoy muy guapa, aunque esté mal decirlo.
Los tacones son plateados y también brillan.
Me recoge algunos mechones de cabello que me tapan el rostro y me los coloca en la parte de atrás de la cabeza con un broche en forma de mariposa.
-Sé amable, intenta parecer divertida- me aconseja.
Yo asiento con la cabeza antes de ser guiada con el resto de tributos.
Noto las de Nathaniel sobre éstas, cálidas y fuertes.
-No sé lo que me ha pasado- digo entre sollozos.
-Será la presión- dice y me abraza con fuerza, yo me refugio entre sus brazos.
-Sólo quiero que todo esto acabe- susurro, y las puertas se abren con apenas un chirrido. Salimos fuera.
-Venga, no llores más. Se lo merecían, aunque quizás no debiste hacerlo. Querrán darte caza la primera-
Me da un vuelco al corazón. Eso implica que Cassie y él también están en peligro.
Me besa en la mejilla con cariño y luego añade:
-Mejor vete, tienen que prepararnos para las entrevistas- sonríe con dulzura.
-Espera- digo antes de que se marche.
Voy hasta él y enredo los dedos en su pelo. Me pongo de puntillas y le beso suavemente.
El sonríe sobre mis labios y me coge por la cintura.
Nos quedamos mirando un rato, hasta que oímos los tacones de Cyntia acercarse.
Nos separamos a la velocidad del rayo.
-¡Chicos! Vuestros estilistas os esperan- da palmaditas nerviosas y sonríe.
-Ya vamos- Nathan habla por mí, yo camino hasta la sala donde me espera mi equipo de maquillaje.
Todos ellos empiezan a parlotear sobre mi buena puntuación y sobre lo bien que tengo la piel todavía. Aunque me regañan por tener los labios cortados y las cejas mal peinadas.
Estoy a punto de echarme a reír, pero solo sonrío ampliamente.
Me meten en la bañera de agua caliente. Huele a lavanda, tiene un montón de burbujas y espuma.
Cierro los ojos y dejo que me apliquen las toneladas de cremas que creen necesarias (aunque mi piel estaba perfectamente desde que me la trataron la primera vez)
Me alisan el pelo y hasta que consiguen que caiga por la espalda, con un color rojo brillante y deslumbrante.
Me llenan de polvos de colorete el rostro, y pintan mis pestañas y mis ojos de negro.
Los labios, carnosos y rojos, sólo los retocan con algo de brillo.
Me ahogan en perfume y me cubren con un albornoz de seda.
Me dejan descansando en un mullido sillón hasta que Niglan aparece y me lleva hasta otra salita, con infinidad de espejos y un maniquí con mi vestido para esta noche.
Es largo, con vuelo, de color azul marino. Suelta pequeños destellos por la parte de arriba,que me deja al descubierto los hombros, y cuando me acerco veo que son diamantes diminutos.
La parte de abajo es abultada y preciosa.
-Parece de princesa...- susurro asombrada.
-Es lo que pretendo- se encoge de hombros y me ayuda a ponérmelo. Estoy muy guapa, aunque esté mal decirlo.
Los tacones son plateados y también brillan.
Me recoge algunos mechones de cabello que me tapan el rostro y me los coloca en la parte de atrás de la cabeza con un broche en forma de mariposa.
-Sé amable, intenta parecer divertida- me aconseja.
Yo asiento con la cabeza antes de ser guiada con el resto de tributos.
Capítulo 23
-Bien, espero que me cuentes lo que ha pasado- me dice Eleanor mientras coge varias dagas y cuchillos y me conduce hacia las dianas.
-Bueno...tiene que ver con Nathaniel-
-Lo sé, no soy idiota- murmura mi mentora.
Respiro profundamente antes de responder y jugueteo con la daga entre mis dedos.
-Le vi tontear con la chica del 5, y sentí que me derrumbaba, que él me había traicionado-
Ella se queda en silencio, esperando que prosiga.
-Resultó que solo le estaba sacando información, y ya esta todo arreglado-
Me coloco en posición, dándola a entender que ya no quiero hablar más del tema.
Me dedica una larga y profunda mirada, y me pide que lance algunos cuchillos.
Hago lo que me dice, y algunos dan en el blanco.
-Tu técnica no es mala, pero en la posición fallas de vez en cuando-
Coge varias dagas y algunos cuchillos, y lanza uno detrás de otro, avanzando y retrocediendo, de forma tan rápida que apenas me entero. Pero logro quedarme con su posición y la pongo en práctica.
Ella me corrige y acabo haciéndolo correctamente
Suspiro de alivio al comprobar que las últimas cinco dagas las lanzo a la perfección.
-Bien, creo que tu hora conmigo ha terminado- dice soltando las armas -Ignatus de dará consejos sobre la supervivencia, cómo encontrar agua...todo eso- me mira a los ojos, y se da la vuelta. Cuando está a punto de irse la cojo del brazo con suavidad.
-Eleanor...gracias por todo. Creo que has sido algo más que una mentora. Casi una amiga-
Ella esboza una sonrisa y me da un abrazo cálido y reconfortante.
Correspondo al abrazo, y después me separo lentamente, para quitarme la cadena de mi abuelo que llevo al cuello, y se la tiendo.
-Quédatelo. Significa mucho para mí, y quiero que lo tengas- cierro sus dedos en torno al colgante.
Me observa de nuevo, puedo ver un destello de ternura en sus ojos.
-Gracias, Demi- me sonríe ampliamente.
-Me voy con Nathaniel antes de que Ig se niegue a terminar de hablar-
Se aleja de mi lado con paso seguro, y me siento en el suelo para retomar el aliento. Estoy contenta de lo que he aprendido. Podré salvar a Nathan, podrá volver a casa. En cambio, Cassie me da mucha pena. También quiero protegerla, también quiero que vuelva con su familia.
Aparto esos pensamientos cuando veo a mi mentor sentarse a mi lado.
-Hola, Demetria- me saluda.
-Hola- digo escrutando su rostro.
-No voy a enseñarte nada sobre combate. Sólo supervivencia- se queda mirando un arco durante unos instantes, pero vuelve a la realidad.
-En caso de que encuentres árboles, serán tu salvación. Puedes trepar, conseguir comida, agua, y disparar sin ser vista. La espesura será tu mejor aliada-
-¿Y si no se trata de vegetación?-
-Corre, busca un lugar seguro. Corre y no permitas que las piernas te fallen. Recuerda que los vigilantes hacen lo que quieren, pueden poner lo que sea. No juegues a su juego. Huye, intenta ser más inteligente que ellos, aunque parezca imposible-
Asiento con la cabeza, escuchando con atención.
-El agua es importante, y también donde transportarla. Estaremos muy atentos en cuanto a eso. Haremos cuanto podamos para conseguir patrocinadores, y en caso de riesgo, os mandaremos una...una...-
Empieza a juguetear con sus propios dedos.
-¿Una qué?- pregunto con impaciencia.
-Una espita. Clávala en un árbol, saldrá agua-
-Gracias- consigo decir, mientras clavo los ojos en su mirada que permanece perdida de nuevo.
-Fuego...fuego...fuego...- empieza a repetir la palabra sin cesar, levantándose.
-Sí, Ignatus...fuego...por favor, siéntate- digo algo asustada y le cojo la mano, pero se suelta con impresionante fuerza.
-¡FUEGO!- grita con todas sus fuerzas, empieza a coger armas y a lanzarlas por todos lados, una pasa por mi lado, me obligo a agacharme para que no me descuartice.
-¡Eleanor!- exclamo pidiendo auxilio, los agentes de la paz se acercan para inmovilizarlo, pero mi mentor está como loco, pataleando y gritando "fuego" sin parar.
Eleanor se acerca corriendo.
-¡No le hagáis nada! ¡Será peor!- suplica a los agentes.
El resto de tributos y mentores observan la escena, algunos ríen.
Siento la ira recorriendo mis venas al ver cómo los distritos 1 y 2 se mofan. Apenas sin darme cuenta me encuentro corriendo hacia ellos para asestarles una paliza, aunque sin ninguna arma.
Unos brazos me sujetan y me elevan del suelo. Es Nathaniel. Y tiene un cuchillo en su cinturón.
Lo cojo con rapidez y se lo lanzo a Ariadna, que lo esquiva por los pelos.
Empiezo a insultarles, ¿como pueden reírse así de alguien indefenso?
-Sácala de aquí- dice Eleanor con voz autoritaria.
Nathan me agarra mas fuerte y me saca de la sala, con los agentes mirándome.
Los profesionales ya no se ríen.
Mi amigo me mete en el ascensor y pulsa el botón, me aprisiona contra una esquina temiendo que vuelva a escaparme.
Sólo soy capaz de notar cómo las lágrimas salpican mis mejillas.
-Bueno...tiene que ver con Nathaniel-
-Lo sé, no soy idiota- murmura mi mentora.
Respiro profundamente antes de responder y jugueteo con la daga entre mis dedos.
-Le vi tontear con la chica del 5, y sentí que me derrumbaba, que él me había traicionado-
Ella se queda en silencio, esperando que prosiga.
-Resultó que solo le estaba sacando información, y ya esta todo arreglado-
Me coloco en posición, dándola a entender que ya no quiero hablar más del tema.
Me dedica una larga y profunda mirada, y me pide que lance algunos cuchillos.
Hago lo que me dice, y algunos dan en el blanco.
-Tu técnica no es mala, pero en la posición fallas de vez en cuando-
Coge varias dagas y algunos cuchillos, y lanza uno detrás de otro, avanzando y retrocediendo, de forma tan rápida que apenas me entero. Pero logro quedarme con su posición y la pongo en práctica.
Ella me corrige y acabo haciéndolo correctamente
Suspiro de alivio al comprobar que las últimas cinco dagas las lanzo a la perfección.
-Bien, creo que tu hora conmigo ha terminado- dice soltando las armas -Ignatus de dará consejos sobre la supervivencia, cómo encontrar agua...todo eso- me mira a los ojos, y se da la vuelta. Cuando está a punto de irse la cojo del brazo con suavidad.
-Eleanor...gracias por todo. Creo que has sido algo más que una mentora. Casi una amiga-
Ella esboza una sonrisa y me da un abrazo cálido y reconfortante.
Correspondo al abrazo, y después me separo lentamente, para quitarme la cadena de mi abuelo que llevo al cuello, y se la tiendo.
-Quédatelo. Significa mucho para mí, y quiero que lo tengas- cierro sus dedos en torno al colgante.
Me observa de nuevo, puedo ver un destello de ternura en sus ojos.
-Gracias, Demi- me sonríe ampliamente.
-Me voy con Nathaniel antes de que Ig se niegue a terminar de hablar-
Se aleja de mi lado con paso seguro, y me siento en el suelo para retomar el aliento. Estoy contenta de lo que he aprendido. Podré salvar a Nathan, podrá volver a casa. En cambio, Cassie me da mucha pena. También quiero protegerla, también quiero que vuelva con su familia.
Aparto esos pensamientos cuando veo a mi mentor sentarse a mi lado.
-Hola, Demetria- me saluda.
-Hola- digo escrutando su rostro.
-No voy a enseñarte nada sobre combate. Sólo supervivencia- se queda mirando un arco durante unos instantes, pero vuelve a la realidad.
-En caso de que encuentres árboles, serán tu salvación. Puedes trepar, conseguir comida, agua, y disparar sin ser vista. La espesura será tu mejor aliada-
-¿Y si no se trata de vegetación?-
-Corre, busca un lugar seguro. Corre y no permitas que las piernas te fallen. Recuerda que los vigilantes hacen lo que quieren, pueden poner lo que sea. No juegues a su juego. Huye, intenta ser más inteligente que ellos, aunque parezca imposible-
Asiento con la cabeza, escuchando con atención.
-El agua es importante, y también donde transportarla. Estaremos muy atentos en cuanto a eso. Haremos cuanto podamos para conseguir patrocinadores, y en caso de riesgo, os mandaremos una...una...-
Empieza a juguetear con sus propios dedos.
-¿Una qué?- pregunto con impaciencia.
-Una espita. Clávala en un árbol, saldrá agua-
-Gracias- consigo decir, mientras clavo los ojos en su mirada que permanece perdida de nuevo.
-Fuego...fuego...fuego...- empieza a repetir la palabra sin cesar, levantándose.
-Sí, Ignatus...fuego...por favor, siéntate- digo algo asustada y le cojo la mano, pero se suelta con impresionante fuerza.
-¡FUEGO!- grita con todas sus fuerzas, empieza a coger armas y a lanzarlas por todos lados, una pasa por mi lado, me obligo a agacharme para que no me descuartice.
-¡Eleanor!- exclamo pidiendo auxilio, los agentes de la paz se acercan para inmovilizarlo, pero mi mentor está como loco, pataleando y gritando "fuego" sin parar.
Eleanor se acerca corriendo.
-¡No le hagáis nada! ¡Será peor!- suplica a los agentes.
El resto de tributos y mentores observan la escena, algunos ríen.
Siento la ira recorriendo mis venas al ver cómo los distritos 1 y 2 se mofan. Apenas sin darme cuenta me encuentro corriendo hacia ellos para asestarles una paliza, aunque sin ninguna arma.
Unos brazos me sujetan y me elevan del suelo. Es Nathaniel. Y tiene un cuchillo en su cinturón.
Lo cojo con rapidez y se lo lanzo a Ariadna, que lo esquiva por los pelos.
Empiezo a insultarles, ¿como pueden reírse así de alguien indefenso?
-Sácala de aquí- dice Eleanor con voz autoritaria.
Nathan me agarra mas fuerte y me saca de la sala, con los agentes mirándome.
Los profesionales ya no se ríen.
Mi amigo me mete en el ascensor y pulsa el botón, me aprisiona contra una esquina temiendo que vuelva a escaparme.
Sólo soy capaz de notar cómo las lágrimas salpican mis mejillas.
jueves, 17 de abril de 2014
Capítulo 22
Me quedo paralizada, no me separo. ¿Cuanto tiempo llevo esperando que me besara?
Tiene que ser justo al comienzo de Los Juegos Del Hambre.
Cierro los ojos poco a poco y correspondo al beso con dulzura.
Me gusta, no quiero que se acabe...pero aun así me aparto lentamente, con las mejillas ardiendo.
Poco ha faltado para que sea un beso bañado en lágrimas.
Nathaniel me mira a los ojos, yo sostengo la mirada.
-Me gustas tu, me gustas desde que pusiste un pie en el colegio- susurra mientras me acaricia la mejilla.
-Y siento tener que decírtelo ahora, de verdad- continúa con tristeza.
En silencio, rodeo su cuello con los brazos y hundo el rostro en su pecho.
Nos quedamos así, abrazados contra la pared un buen rato, no sabría decir cuanto.
Al final acabo dormida sobre él, y noto como me sostiene y me lleva hasta la cama.
Me besa la frente y sale del cuarto. Yo esbozo una leve sonrisa antes de dejarme llevar al mundo de los sueños por completo.
Los rayos de sol se filtran cálidos y juguetones por mi ventana, y me acarician el rostro.
Aun es pronto, aunque he dormido de maravilla por primera vez desde que estoy aquí.
Voy hasta el baño y me aseo, me pongo el uniforme y voy hasta el tocador.
Paso un buen rato peinándome, para luego dejarme el cabello caer por la espalda.
Miro mi a mi reflejo a los ojos y sonrío.
En la planta reina el silencio, pero huele a tostadas recién hechas.
Avanzo hasta el comedor y me encuentro a Nathaniel sirviéndose algo de leche con cacao.
Alza la vista, y cuando me ve, su rostro se ensancha en una preciosa sonrisa.
-Buenos días, Dem- dice con voz serena y me guiña un ojo.
-Buenos días- voy hasta él y le doy un beso en la mejilla.
No nos da tiempo a hablar mucho mas, porque nuestros mentores aparecen con su habitual alegría, y también llevan uniforme, pero algo diferente al nuestro.
Ignatus observa las lámparas de araña riendo.
-Son muy bellas- dice señalándolas.
-La verdad es que son preciosas- asiento con la cabeza y sonrío.
Eleanor debe notar que algo pasó a noche, porque a los dos se nos ve rebosantes de energía y de alegría.
Nos sentamos todos y nuestra mentora comienza a hablar.
-Empezaré entrenando con Demetria, e Ignatus con Nathaniel. Luego cambiaremos y al final veremos el nivel al que habéis llegado los dos, ¿entendido?-
Asentimos con la cabeza, aunque mi compañero no está muy contento con el tener que empezar con Ignatus.
Yo evito reírme. Quizás se sorprenda.
Tiene que ser justo al comienzo de Los Juegos Del Hambre.
Cierro los ojos poco a poco y correspondo al beso con dulzura.
Me gusta, no quiero que se acabe...pero aun así me aparto lentamente, con las mejillas ardiendo.
Poco ha faltado para que sea un beso bañado en lágrimas.
Nathaniel me mira a los ojos, yo sostengo la mirada.
-Me gustas tu, me gustas desde que pusiste un pie en el colegio- susurra mientras me acaricia la mejilla.
-Y siento tener que decírtelo ahora, de verdad- continúa con tristeza.
En silencio, rodeo su cuello con los brazos y hundo el rostro en su pecho.
Nos quedamos así, abrazados contra la pared un buen rato, no sabría decir cuanto.
Al final acabo dormida sobre él, y noto como me sostiene y me lleva hasta la cama.
Me besa la frente y sale del cuarto. Yo esbozo una leve sonrisa antes de dejarme llevar al mundo de los sueños por completo.
Los rayos de sol se filtran cálidos y juguetones por mi ventana, y me acarician el rostro.
Aun es pronto, aunque he dormido de maravilla por primera vez desde que estoy aquí.
Voy hasta el baño y me aseo, me pongo el uniforme y voy hasta el tocador.
Paso un buen rato peinándome, para luego dejarme el cabello caer por la espalda.
Miro mi a mi reflejo a los ojos y sonrío.
En la planta reina el silencio, pero huele a tostadas recién hechas.
Avanzo hasta el comedor y me encuentro a Nathaniel sirviéndose algo de leche con cacao.
Alza la vista, y cuando me ve, su rostro se ensancha en una preciosa sonrisa.
-Buenos días, Dem- dice con voz serena y me guiña un ojo.
-Buenos días- voy hasta él y le doy un beso en la mejilla.
No nos da tiempo a hablar mucho mas, porque nuestros mentores aparecen con su habitual alegría, y también llevan uniforme, pero algo diferente al nuestro.
Ignatus observa las lámparas de araña riendo.
-Son muy bellas- dice señalándolas.
-La verdad es que son preciosas- asiento con la cabeza y sonrío.
Eleanor debe notar que algo pasó a noche, porque a los dos se nos ve rebosantes de energía y de alegría.
Nos sentamos todos y nuestra mentora comienza a hablar.
-Empezaré entrenando con Demetria, e Ignatus con Nathaniel. Luego cambiaremos y al final veremos el nivel al que habéis llegado los dos, ¿entendido?-
Asentimos con la cabeza, aunque mi compañero no está muy contento con el tener que empezar con Ignatus.
Yo evito reírme. Quizás se sorprenda.
miércoles, 16 de abril de 2014
Capítulo 21
La imagen de Ariadna, la profesional del Distrito 1, aparece en la pantalla.
Tiene rasgos que la hacen muy guapa, pero tiene un cuerpo grande y robusto.
Su puntuación es un diez (de doce puntos), y es algo que nadie consigue habitualmente.
Louis, su compañero, tiene un nueve.
Distrito 2, Katrynna obtiene un siete y Kendall un ocho.
En el Distrito 3, la chica tiene un cinco y el chico un cuatro. Pobrecillos.
Distrito 4, no me fijo en la puntuacíón de la muchacha de ojos grises, sólo en Hugo, que tiene un seis.
No me lo creo, le he visto en los entrenamientos, y seguramente seré de las pocas personas que le temerán en la arena. Nadie sospecha de él. Yo sí.
Llegan al Distrito 6, Cassie tiene...¡tiene un nueve! Eso es buena señal, podremos conseguir patrocinadores.
Observo las puntuaciones del 7 y el 8, que no son muy altas.
Luego aparece el sello de nuestro Distrito, mi rostro y después mi nombre.
Un ocho. Soy incapaz de creerlo. Tengo la misma nota que un profesional, y solo un punto menos que Cassie.
Mis mentores, Cyntia y Nathaniel me felicitan alegremente, y guardan silencio sepulcral cuando el rostro de mi compañero aparece en la tele.
Contenemos la respiracíón hasta que su nota aparece.
-Nathaniel Hugson, su puntuación es...¡un nueve! ¡Vaya, este Distrito esta que se sale este año!-Caesar ríe entre dientes y continúa con el Distrito 10.
Todos estallan en felicitaciones y risas, yo apenas esbozo una sonrisa. Me alegro mucho por él, pero sigo muy dolida.
Dejan de hablar cuando nombran al Distrito 12. Un tres y un cuatro. Siento una punzada de compasión.
-Muchas felicidades chicos, estáis entre las mejores notas, y vuestra aliada del 6 también.
Mañana entrenaréis con Ignatus y conmigo, y por la noche serán las entrevistas. Después, comienzan los Juegos- nos dice Eleanor.
-Id a descansar- murmura Ignatus sonriendo.No hace falta que lo repita dos veces, me levanto y salgo de la habitación con rapidez.
Oigo como Nathaniel se despide de nuestros mentores y cierra la puerta de la sala tras de sí cuando estoy cruzando una esquina.
-Demi, espera- me pide acelerando el paso, pero yo sigo con mi camino. Giro el pomo de la puerta y cuando estoy a punto de entrar en mi habitación noto su cálida mano sobre mi muñeca, me gira cuidadosamente y me retiene contra la pared.
-Déjame explicarte...-
-No hay nada que explicar- le corto e intento soltarme, pero él me lo impide.
-Sí, Demetria. Estaba averiguando la táctita de la chica del 5-
-¿Para eso tenías que juntarte tanto a ella?- digo con las mejillas ardiendo, a punto de echarme a llorar.
-Técnica de persuasión- dice mirándome fijamente.
-Ya...- digo bajando la cabeza para que no pueda verme, sintiéndome estúpida.
Entonces me alza la barbilla y se acerca a mí, para luego besarme cálidamente.
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