miércoles, 28 de mayo de 2014

Capítulo 27


Despierto envuelta en sábanas.
Me levanto de un salto, despegándome del sueño, y le miro.
-¿Te he despertado? Lo siento...-susurra Nathaniel mirándome a los ojos.
-No habría podido dormir mucho mas- cojo aire y lo expulso lentamente.
Apenas ha salido el sol, pero a los pies de mi cama está parte del uniforme que llevaremos en la arena.
Lo observo con el ceño fruncido, las ganas de llorar me invaden.
Nathan me besa la frente.
-Tranquila...yo estaré a tu lado-
Estiro las mangas del pijama hasta que mis manos desaparecen en ellas.
-Lo sé- beso su mejilla y trato de sonreír.
-Voy a cambiarme, nos veremos luego- se despide con tranquilidad y sale del cuarto en silencio.
Me quedo unos minutos mirando a la nada, lamentándome y con un nudo en el estómago.
Pero me prohibo llorar, me levanto y acerco el uniforme hasta mi.
Cuando me lo pongo, me asomo al espejo.
Consta de una camiseta negra de tirantes, muy ajustada, y unos pantalones algo mas anchos, del mismo color y llenos de bolsillos. Un poco mas arriba de las rodillas hay unas cremalleras, que permiten deshacerse de una parte de los pantalones.
El calzado es lo mas extraño.
Son como dos moldes que he ajustado a mis pies hasta la altura de los tobillos, y son cálidos y suaves.
La suela es dura y parece muy resistente.
Me peino sin apenas darme cuenta, y dejo el cabello suelto.
Me doy cuenta de que he tirado al suelo unos guantes de belcro, que se ajustan en las muñecas y se cortan en la mitad de los dedos.
Acaricio el terciopelo de la alfombra, y luego voy hasta el comedor.
Varios avox están colocados en las esquinas, y me miran fijamente.
Corto una tostada por la mitad y me obligo a tragármela, aunque siento ganas de vomitar.
Bebo algo de agua, y espero a Nathan.
Aunque cuando viene no hablamos mucho. Nos cogemos de la mano, e intentamos ser fuertes.
Al cabo de no sé cuanto tiempo aparecen Eleanor e Ignatus, acompañados de unos cuantos agentes de la paz, para llevarnos a los aerodeslizadores.
Nos obligan a separarnos, mi mentora se va con Nathaniel, y empiezo a sentir mareos.
Ignatus me guía, apoyándose en un bastón de madera, con un par de agentes a nuestras espaldas.

Llegamos a las puertas del aerodeslizador, el viento me golpea el rostro...y solo tengo ganas de salir corriendo. Mi mentor nota que me tambaleo, y me sujeta los hombros.
-Demetria, puedes hacerlo. Puedes ganar- me mira a los ojos fijamente, veo confianza en ellos.
Asiento con la cabeza, no puedo hablar. Le abrazo con torpeza, y él me devuelve el abrazo.
-Y recuerda...fuego- susurra.
-Fuego- repito sin más, antes de que me sujeten por los codos y me separen de Ignatus, que se despide con la mano.
Un hombre con una bata de científico me hace extender el brazo y me clava una especie de inyección, que supongo será el localizador.
Durante el trayecto, los profesionales hablan, y nos miran con desdén.
Ariadna sonríe con maldad y me mira, crujiendo sus nudillos.
Me dejan en una sala, con varios sillones y una bandeja, con Niglan esperándome y el tubo para ascender a la Arena a su lado.
Me tiende un forro polar marrón oscuro, que me llega hasta los codos, y me coge varios mechones de pelo para trenzarlos y hacer diseños extraños con ellos. Luego me recoge el cabello entero en una coleta que me cae por la espalda.
-Es la hora. Buena suerte-me roza el brazo y me ayuda a meterme en el tubo.
Coloco los pies en el cilindro y empiezo a temblar con violencia.
La puerta de cristal se cierra, y puedo oír la voz mecánica empezando la cuenta atrás desde los dos minutos. Mi base comienza a ascender, y los ojos de Niglan me siguen, impasibles.
Me muerdo el labio con fuerza y miro hacia arriba.
La luz del sol invade mi vista unos segundos, pero al final me acostumbro.
La Cornucopia está cubierta de armas, pero sin embargo, encuentro pocas mochilas.
"Treinta, veintinueve, veintiocho..."
Veo a Nathaniel, que me mira también.
Aprieto los puños para no salir de mi cilindro.
"Diez, nueve,ocho..."
Justo entonces el chico del distrito 12 pega un grito y pone un pie fuera de su sitio, y la plataforma explota. Doy un respingo y estoy a punto de soltar un grito de terror.
La cuenta empieza de nuevo desde veinte segundos.
Ante nosotros hay un gran muro, con salientes, recodos y puntos de apoyo.
A los lados hay espacio, puedo ver una gran masa de árboles y opto a salir corriendo por allí.
"Tres, dos uno...¡Que comiencen los sexagésimo novenos Juegos del Hambre, y que la suerte esté siempre de vuestra parte!"
Suena el cañonazo, y salgo corriendo a toda velocidad, sin perder de vista a Nathaniel. Cojo dos cuchillos y una mochila extremadamente pequeña, y evito un hacha que me casi me corta la cabeza.
Pongo rumbo a los extremos del muro, cuando veo a la niña pequeña del 12 electrocutarse con el aire. Es un campo de fuerza.
Entonces empiezo a escalar el gran muro,temblando, con Nathan a unos milímetros, y entreviendo como la sangre corre por el césped y a los profesionales repartiendo cuchilladas y atravesando cuerpos de niños inocentes.

viernes, 2 de mayo de 2014

Capítulo 26

Cuando llegamos a nuestra planta, Eleanor se contiene para no estamparme contra una pared. Me ha regañado demasiado por mi comentario en la entrevista acerca de los profesionales, y cuando por fin se calma, nos felicita a los dos por el resto de la actuación. Los avox nos preparan un chocolate caliente y nos sentamos todos en los mullidos sillones.
Ignatus no para de elogiarnos, y dice que se siente orgulloso de mí por plantarles cara a los profesionales. 
Yo sonrío, victoriosa, pero la preocupación por Nathaniel y Cassie acude de nuevo a mi mente. 
Nos dan las últimas tácticas de combate y supervivencia (que suelen ser las mismas de siempre), y se despiden de nosotros.
Cyntia se echa a llorar, nos coje las mejillas y las espachurra con fuerza antes de marcharse.
Ignatus nos da un fuerte abrazo y me acaricia el pelo, antes de irse susurra un "fuego" que solo yo oigo. 
Nos quedamos solos con Eleanor, que también nos abraza y nos da un beso en la mejilla. 
Agarra el colgante que le di antes y lo oprime contra su pecho.
-Pase lo que pase en estos Juegos...sabed que estoy orgullosa de vosotros, y que de verdad odio con todas mis fuerzas que os halla sucedido esto- 
Los dos sonreímos, yo conteniendo las lágrimas, y vemos como Eleanor desaparece por la esquina.
Nathaniel y yo nos miramos un buen rato, hasta que me sujeta la mano con delicadeza y la besa.
Siento como me ruborizo, y me suelto para ir a mi dormitorio.
Me quito el vestido, que lleva asfixiandome desde que acabó el show, me desmaquillo y me pongo un pijama que me queda grande.
Me envuelvo entre las sábanas, y a los cinco minutos no reprimo el llanto. Por mis amigos, por mi familia, por mis mentores, por los otros tributos...por mí. 
Empapo la almohada de lágrimas, y cuando ya me he calmado, noto como llaman a la puerta.
Me acerco a abrir, y distingo el rostro de Nathan en la oscuridad.
Él debe de notar que he estado llorando, porque me acaricia la mejilla y me seca las lágrimas con el pulgar.
Vamos hasta la cama y nos tumbamos, yo sobre su pecho, y nos cubrimos de nuevo con las mantas. 
-No va a pasar nada, todo va a estar bien- me susurra, noto su cálido aliento contra mi oído. 
Le acaricio el pelo y asiento con la cabeza, aunque los dos sabemos que no dice la verdad. 
Me incorporo un poco, hasta que nuestros rostros quedan casi pegados, y él roza mis labios con cariño. 
Nos besamos, quizás por última vez.
En la Arena trataremos de no mostrarnos mucho afecto. 
Disfruto y bebo de la sensación de tenerle a mi lado, hasta que el sueño puede conmigo y los párpados se me cierran.
Los dos nos quedamos dormidos, noto su respiración lenta y reconfortante. 
Tengo pesadillas continuamente, pero estar entre sus brazos me tranquiliza. 

sábado, 26 de abril de 2014

Capítulo 25


Mis tacones resuenan por el pasillo, iluminado con una luz tenue y cálida.
Niglan se ha marchado hace apenas dos minutos para sentarse entre el público, y me ha dejado sola. Aunque Nathan no tarda mucho en aparecer a mi lado.
Su cabello está peinado, pero sigue teniendo ese toque alocado.
Lleva un traje rojo vino, y hay una gran sonrisa dibujada en su perfecto rostro.
-Estás preciosa- dice tendiéndome la mano.
Entrelazo mis pálidos dedos entre los suyos, y su olor a limpio invade mi nariz.
Cierro los ojos un momento, y noto cómo me alza la barbilla y junta nuestros labios.
Correspondo con cariño a su gesto, y al cabo de un rato nos separamos unos milímetros.
Me observa de arriba a abajo  con detenimiento, y yo hago lo mismo.
Después, en silencio, vamos hacia nuestros mentores.
Sólo nos espera Eleanor.
Sonríe con cansancio, y me fijo en que lleva mi colgante alrededor del cuello.
-No han permitido venir a Ignatus...está en su cuarto con la televisión encendida, y espera veros brillar esta noche-
Asentimos con la cabeza a la vez, con tristeza. Siento ganas de aporrear a los profesionales una y otra vez, pero me dedico a apretar los puños y a seguir escuchando.
-Quiero ver vuestras sonrisas más realistas, más grandes que en el desfile de carrozas. Sed dulces, bromistas, simpáticos con Caesar. Demi, mándale besos al público-
Hago una mueca -Pero...no puedo, son todos repulsivos, me entrarán ganas de vomitar-
-Sin peros- dice con seriedad y le coloca el cuello de la camisa a Nathaniel, y luego me acaricia el pelo.
-Estoy orgullosa de vosotros- sus facciones se suavizan.
Nos miramos, yo la dedico mi mejor sonrisa.
-Trataremos de conquistarles- la aprieto el hombro con suavidad, y la dejamos sola mientras vamos con el resto de tributos.
Suelto la mano de Nathan, y nos encaminamos hacia nuestros contrincantes de mañana, donde todo será un baño de sangre.
Saludo a Cassie con la mano y ella ríe. Está guapísima. Lleva un vestido violeta y de gasa que le queda por encima de las rodillas, y un corsé ajustado que le resalta todas las curvas.
Tiene media cara cubierta por una máscara plateada con pedrería, y tiene el pelo suelto y castaño lleno de ondas y rizos. Sus tacones son de plataforma y muy altos, y lleva una gargantilla literalmente pegada al cuello.
Hay algunos chicos mirándola embelesados, y yo oculto una risita. Una voz mecánica nos pide que tomemos asiento.
Me fijo en lo profesionales. El vestido de Ariadna es negro y corto, y lleva el pelo en una cola de caballo. Me lanza miradas asesinas, y yo las sostengo con rabia.
Katrynna lleva otro igual de corto y rosa chillón, le han dibujado algunas flores en el rabillo del ojo.
Oigo la voz de Caesar inundar el escenario y al público gritando con fuerza.
Van nombrando a todos los tributos. Cassie es un éxito, todo el mundo la adora.
El chico del ocho vuelve.
-¡Demetria Gillersone, Distrito nueve!- exclama Caesar, yo me pongo en pie y avanzo hacia el escenario dirigiéndole una última mirada a Nathaniel.
Mi rostro se ensancha en una gran sonrisa cuando veo al público saltar de alegría, vitoreando y chillando como locos.
Caesar extiende el brazo, yo le tiendo la mano y me la besa.
-¡Pero que guapa estás!- dice riendo y me invita a tomar asiento.
Antes de hacerle caso doy una vuelta sobre mí misma y le lanzo besos al público, que enloquece.
-Nos encantas a todos- dice con entusiasmo y sonríe con todos los dientes.
-Pues me encanta encantaros- le guiño un ojo y él suelta una exclamación satisfactoria.
-Pareces muy dulce...¡y lo eres! Pero nos han contado tu pequeño acto de esta tarde durante los entrenamientos...¿Qué puedes contarnos respecto a eso?-
Mi rostro se ensombrece levemente.
-Bueno...no me gustan las faltas de respeto, y creo que ya era hora de bajarles los humos a esos profesionales- me obligo a sonreír con picardía, y en el acto me doy cuenta de que he metido la pata hasta el fondo. Pero el público suelta una ovación.
-Parece que estás algo furiosa..-murmura Caesar sonriente.
-Puede que lo esté- suelto una risita tonta y pestañeo.
Caesar resopla con exageración y me acaricia el hombro.
-¡Parece que vas a ser dura...Demetr...!-
-Demi, llámame Demi- sonrío adorablemente.
-¡Me gusta ese apodo! ¿Y a vosotros?- El público ruge a modo de respuesta.
-Bueno,Demi...lamentablemente el tiempo se ha agotado, pero esperamos seguir viéndote en los Juegos- ríe con estruendo y me da dos besos, se despide frenéticamente con la mano, yo doy otra vuelta sobre mí misma y me despido de todos los del Capitolio que están allí como perros babosos.
Oigo los comentarios de Caesar piropeándome y el nombre de Nathaniel.
Nos cruzamos y él me sonríe, yo hago lo mismo.
Me reuno con Cassie y la felicito antes de que Nathaniel comience con su entrevista.
Ella me guiña el ojo y me susurra:
-Tu también has estado genial, pero ahora nos darán caza antes...- noto un destello de preocupación en su voz, y estrecho tu mano.
-Tranquila- digo en el mismo tono y observamos a Nathaniel.
También se le da de lujo, interactúa con la gente y tiene respuestas muy ingeniosas.
Cuando vuelve tengo que reprimir darle un abrazo.

lunes, 21 de abril de 2014

Capítulo 24

Me pego todo lo que puedo a la esquina del ascensor y me tapo el rostro con las manos.
Noto las de Nathaniel sobre éstas, cálidas y fuertes.
-No sé lo que me ha pasado- digo entre sollozos.
-Será la presión- dice y me abraza con fuerza, yo me refugio entre sus brazos.
-Sólo quiero que todo esto acabe- susurro, y las puertas se abren con apenas un chirrido. Salimos fuera.
-Venga, no llores más. Se lo merecían, aunque quizás no debiste hacerlo. Querrán darte caza la primera-
Me da un vuelco al corazón. Eso implica que Cassie y él también están en peligro.
Me besa en la mejilla con cariño y luego añade:
-Mejor vete, tienen que prepararnos para las entrevistas- sonríe con dulzura.
-Espera- digo antes de que se marche.
Voy hasta él y enredo los dedos en su pelo. Me pongo de puntillas y le beso suavemente.
El sonríe sobre mis labios y me coge por la cintura.
Nos quedamos mirando un rato, hasta que oímos los tacones de Cyntia acercarse.
Nos separamos a la velocidad del rayo.
-¡Chicos! Vuestros estilistas os esperan- da palmaditas nerviosas y sonríe.
-Ya vamos- Nathan habla por mí, yo camino hasta la sala donde me espera mi equipo de maquillaje.
Todos ellos empiezan a parlotear sobre mi buena puntuación y sobre lo bien que tengo la piel todavía. Aunque me regañan por tener los labios cortados y las cejas mal peinadas.
Estoy a punto de echarme a reír, pero solo sonrío ampliamente.
Me meten en la bañera de agua caliente. Huele a lavanda, tiene un montón de burbujas y espuma.
Cierro los ojos y dejo que me apliquen las toneladas de cremas que creen necesarias (aunque mi piel estaba perfectamente desde que me la trataron la primera vez)
Me alisan el pelo y hasta que consiguen que caiga por la espalda, con un color rojo brillante y deslumbrante.
Me llenan de polvos de colorete el rostro, y pintan mis pestañas y mis ojos de negro.
Los labios, carnosos y rojos, sólo los retocan con algo de brillo.
Me ahogan en perfume y me cubren con un albornoz de seda.
Me dejan descansando en un mullido sillón hasta que Niglan aparece y me lleva hasta otra salita, con infinidad de espejos y un maniquí con mi vestido para esta noche.
Es largo, con vuelo, de color azul marino. Suelta pequeños destellos por la parte de arriba,que me deja al descubierto los hombros, y cuando me acerco veo que son diamantes diminutos.
La parte de abajo es abultada y preciosa.
-Parece de princesa...- susurro asombrada.
-Es lo que pretendo- se encoge de hombros y me ayuda a ponérmelo. Estoy muy guapa, aunque esté mal decirlo.
Los tacones son plateados y también brillan.
Me recoge algunos mechones de cabello que me tapan el rostro y me los coloca en la parte de atrás de la cabeza con un broche en forma de mariposa.
-Sé amable, intenta parecer divertida- me aconseja.
Yo asiento con la cabeza antes de ser guiada con el resto de tributos.

Capítulo 23

-Bien, espero que me cuentes lo que ha pasado- me dice Eleanor mientras coge varias dagas y cuchillos y me conduce hacia las dianas.
-Bueno...tiene que ver con Nathaniel-
-Lo sé, no soy idiota- murmura mi mentora.
Respiro profundamente antes de responder y jugueteo con la daga entre mis dedos.
-Le vi tontear con la chica del 5, y sentí que me derrumbaba, que él me había traicionado-
Ella se queda en silencio, esperando que prosiga.
-Resultó que solo le estaba sacando información, y ya esta todo arreglado-
Me coloco en posición, dándola a entender que ya no quiero hablar más del tema.
Me dedica una larga y profunda mirada, y me pide que lance algunos cuchillos.
Hago lo que me dice, y algunos dan en el blanco.
-Tu técnica no es mala, pero en la posición fallas de vez en cuando-
Coge varias dagas y algunos cuchillos, y lanza uno detrás de otro, avanzando y retrocediendo, de forma tan rápida que apenas me entero. Pero logro quedarme con su posición y la pongo en práctica.
Ella me corrige y acabo haciéndolo correctamente
Suspiro de alivio al comprobar que las últimas cinco dagas las lanzo a la perfección.
-Bien, creo que tu hora conmigo ha terminado- dice soltando las armas -Ignatus de dará consejos sobre la supervivencia, cómo encontrar agua...todo eso- me mira a los ojos, y se da la vuelta. Cuando está a punto de irse la cojo del brazo con suavidad.
-Eleanor...gracias por todo. Creo que has sido algo más que una mentora. Casi una amiga-
Ella esboza una sonrisa y me da un abrazo cálido y reconfortante.
Correspondo al abrazo, y después me separo lentamente, para quitarme la cadena de mi abuelo que llevo al cuello, y se la tiendo.
-Quédatelo. Significa mucho para mí, y quiero que lo tengas- cierro sus dedos en torno al colgante.
Me observa de nuevo, puedo ver un destello de ternura en sus ojos.
-Gracias, Demi- me sonríe ampliamente.
-Me voy con Nathaniel antes de que Ig se niegue a terminar de hablar-
Se aleja de mi lado con paso seguro, y me siento en el suelo para retomar el aliento. Estoy contenta de lo que he aprendido. Podré salvar a Nathan, podrá volver a casa. En cambio, Cassie me da mucha pena. También quiero protegerla, también quiero que vuelva con su familia.
Aparto esos pensamientos cuando veo a mi mentor sentarse a mi lado.
-Hola, Demetria- me saluda.
-Hola- digo escrutando su rostro.
-No voy a enseñarte nada sobre combate. Sólo supervivencia- se queda mirando un arco durante unos instantes, pero vuelve a la realidad.
-En caso de que encuentres árboles, serán tu salvación. Puedes trepar, conseguir comida, agua, y disparar sin ser vista. La espesura será tu mejor aliada-
-¿Y si no se trata de vegetación?-
-Corre, busca un lugar seguro. Corre y no permitas que las piernas te fallen. Recuerda que los vigilantes hacen lo que quieren, pueden poner lo que sea. No juegues a su juego. Huye, intenta ser más inteligente que ellos, aunque parezca imposible-
Asiento con la cabeza, escuchando con atención.
-El agua es importante, y también donde transportarla. Estaremos muy atentos en cuanto a eso. Haremos cuanto podamos para conseguir patrocinadores, y en caso de riesgo, os mandaremos una...una...-
Empieza a juguetear con sus propios dedos.
-¿Una qué?- pregunto con impaciencia.
-Una espita. Clávala en un árbol, saldrá agua-
-Gracias- consigo decir, mientras clavo los ojos en su mirada que permanece perdida de nuevo.
-Fuego...fuego...fuego...- empieza a repetir la palabra sin cesar, levantándose.
-Sí, Ignatus...fuego...por favor, siéntate- digo algo asustada y le cojo la mano, pero se suelta con impresionante fuerza.
-¡FUEGO!- grita con todas sus fuerzas, empieza a coger armas y a lanzarlas por todos lados, una pasa por mi lado, me obligo a agacharme para que no me descuartice.
-¡Eleanor!- exclamo pidiendo auxilio, los agentes de la paz se acercan para inmovilizarlo, pero mi mentor está como loco, pataleando y gritando "fuego" sin parar.
Eleanor se acerca corriendo.
-¡No le hagáis nada! ¡Será peor!- suplica a los agentes.
El resto de tributos y mentores observan la escena, algunos ríen.
Siento la ira  recorriendo mis venas al ver cómo los distritos 1 y 2 se mofan. Apenas sin darme cuenta me encuentro corriendo hacia ellos para asestarles una paliza, aunque sin ninguna arma.
Unos brazos me sujetan y me elevan del suelo. Es Nathaniel. Y tiene un cuchillo en su cinturón.
 Lo cojo con rapidez y se lo lanzo a Ariadna, que lo esquiva por los pelos.
Empiezo a insultarles, ¿como pueden reírse así de alguien indefenso?
-Sácala de aquí- dice Eleanor con voz autoritaria.
Nathan me agarra mas fuerte y me saca de la sala, con los agentes mirándome.
Los profesionales ya no se ríen.
Mi amigo me mete en el ascensor y pulsa el botón, me aprisiona contra una esquina temiendo que vuelva a escaparme.
Sólo soy capaz de notar cómo las lágrimas salpican mis mejillas.

jueves, 17 de abril de 2014

Capítulo 22

Me quedo paralizada, no me separo. ¿Cuanto tiempo llevo esperando que me besara?
Tiene que ser justo al comienzo de Los Juegos Del Hambre.
Cierro los ojos poco a poco y correspondo al beso con dulzura.
Me gusta, no quiero que se acabe...pero aun así me aparto lentamente, con las mejillas ardiendo.
Poco ha faltado para que sea un beso bañado en lágrimas.
Nathaniel me mira a los ojos, yo sostengo la mirada.
-Me gustas tu, me gustas desde que pusiste un pie en el colegio- susurra mientras me acaricia la mejilla.
-Y siento tener que decírtelo ahora, de verdad- continúa con tristeza.
En silencio, rodeo su cuello con los brazos y hundo el rostro en su pecho.
Nos quedamos así, abrazados contra la pared un buen rato, no sabría decir cuanto.
Al final acabo dormida sobre él, y noto como me sostiene y me lleva hasta la cama.
Me besa la frente y sale del cuarto. Yo esbozo una leve sonrisa antes de dejarme llevar al mundo de los sueños por completo.

Los rayos de sol se filtran cálidos y juguetones por mi ventana, y me acarician el rostro.
Aun es pronto, aunque he dormido de maravilla por primera vez desde que estoy aquí.
Voy hasta el baño y me aseo, me pongo el uniforme y voy hasta el tocador.
Paso un buen rato peinándome, para luego dejarme el cabello caer por la espalda.
Miro mi a mi reflejo a los ojos y sonrío.
En la planta reina el silencio, pero huele a tostadas recién hechas.
Avanzo hasta el comedor y me encuentro a Nathaniel sirviéndose algo de leche con cacao.
Alza la vista, y cuando me ve, su rostro se ensancha en una preciosa sonrisa.
-Buenos días, Dem- dice con voz serena y me guiña un ojo.
-Buenos días- voy hasta él y le doy un beso en la mejilla.
No nos da tiempo a hablar mucho mas, porque nuestros mentores aparecen con su habitual alegría, y también llevan uniforme, pero algo diferente al nuestro.
Ignatus observa las lámparas de araña riendo.
-Son muy bellas- dice señalándolas.
-La verdad es que son preciosas- asiento con la cabeza y sonrío.
Eleanor debe notar que algo pasó a noche, porque a los dos se nos ve rebosantes de energía y de alegría.
Nos sentamos todos y nuestra mentora comienza a hablar.
-Empezaré entrenando con Demetria, e Ignatus con Nathaniel. Luego cambiaremos y al final veremos el nivel al que habéis llegado los dos, ¿entendido?-
Asentimos con la cabeza, aunque mi compañero no está muy contento con el tener que empezar con Ignatus.
Yo evito reírme. Quizás se sorprenda.

miércoles, 16 de abril de 2014

Capítulo 21


La imagen de Ariadna, la profesional del Distrito 1, aparece en la pantalla.
Tiene rasgos que la hacen muy guapa, pero tiene un cuerpo grande y robusto.
Su puntuación es un diez (de doce puntos), y es algo que nadie consigue habitualmente.
Louis, su compañero, tiene un nueve.
Distrito 2, Katrynna obtiene un siete y Kendall un ocho.
En el Distrito 3, la chica tiene un cinco y el chico un cuatro. Pobrecillos.
Distrito 4, no me fijo en la puntuacíón de la muchacha de ojos grises, sólo en Hugo, que tiene un seis.
No me lo creo, le he visto en los entrenamientos, y seguramente seré de las pocas personas que le temerán en la arena. Nadie sospecha de él. Yo sí.
Llegan al Distrito 6, Cassie tiene...¡tiene un nueve! Eso es buena señal, podremos conseguir patrocinadores.
Observo las puntuaciones del 7 y el 8, que no son muy altas.
Luego aparece el sello de nuestro Distrito, mi rostro y después mi nombre.
Un ocho. Soy incapaz de creerlo. Tengo la misma nota que un profesional, y solo un punto menos que Cassie.
Mis mentores, Cyntia y Nathaniel me felicitan alegremente, y guardan silencio sepulcral cuando el rostro de mi compañero aparece en la tele.
Contenemos la respiracíón hasta que su nota aparece.
-Nathaniel Hugson, su puntuación es...¡un nueve! ¡Vaya, este Distrito esta que se sale este año!-Caesar ríe entre dientes y continúa con el Distrito 10.
Todos estallan en felicitaciones y risas, yo apenas esbozo una sonrisa. Me alegro mucho por él, pero sigo muy dolida.
Dejan de hablar cuando nombran al Distrito 12. Un tres y un cuatro. Siento una punzada de compasión.
-Muchas felicidades chicos, estáis entre las mejores notas, y vuestra aliada del 6 también.
Mañana entrenaréis con Ignatus y conmigo, y por la noche serán las entrevistas. Después, comienzan los Juegos- nos dice Eleanor.
-Id a descansar- murmura Ignatus sonriendo.No hace falta que lo repita dos veces, me levanto y salgo de la habitación con rapidez.
Oigo como Nathaniel se despide de nuestros mentores y cierra la puerta de la sala tras de sí cuando estoy cruzando una esquina.
-Demi, espera- me pide acelerando el paso, pero yo sigo con mi camino. Giro el pomo de la puerta y cuando estoy a punto de entrar en mi habitación noto su cálida mano sobre mi muñeca, me gira cuidadosamente y me retiene contra la pared.
-Déjame explicarte...-
-No hay nada que explicar- le corto e intento soltarme, pero él me lo impide.
-Sí, Demetria. Estaba averiguando la táctita de la chica del 5-
-¿Para eso tenías que juntarte tanto a ella?- digo con las mejillas ardiendo, a punto de echarme a llorar.
-Técnica de persuasión- dice mirándome fijamente.
-Ya...- digo bajando la cabeza para que no pueda verme, sintiéndome estúpida.
Entonces me alza la barbilla y se acerca a mí, para luego besarme cálidamente.

martes, 15 de abril de 2014

Capítulo 20


Metal. Es lo único que he estado mirando las últimas horas. El pomo de metal de mi puerta.
Siento un nudo en el estómago. Me siento traicionada por prácticamente la única persona en la que confío.
Nathaniel se dio por vencido hace una rato y se retiró a su dormitorio.
Llevo tumbada en la cama mucho tiempo, y hace quizás una media hora dejé de llorar.
Llaman a mi puerta, no respondo, no hablo.
-Demi...por favor,abre- es la tranquila voz de Eleanor quien me llama.
Tras un tenso silencio, susurro:
-No estoy de humor-
Mi mentora suelta una risita.
-En los Juegos nadie lo está...bueno, no me abras...pero si en algún momento quieres hablar...estoy aquí para lo que necesites-
-Gracias- es lo único que consigo decir.
-En media hora la cena estará lista- me avisa, y oigo sus pisadas alejarse lentamente.
Avanzo a rastras hasta el cuarto de baño y me preparo una ducha caliente, con todo tipo de aceites aromáticos y geles limpiadores.
Cuando salgo, me emboto en unos pantalones de franela negros y una chaqueta fina.
Recojo mi pelo en una coleta y salgo del dormitorio.
Todos están hablando sobre la prueba de Nathaniel, pero se forma un silencio sepulcral cuando irrumpo en el comedor.
-Demi, querida...siéntate con nosotros- me saluda alegremente Ignatus.
No miro a nadie, me siento al lado de Ignatus y me sirvo algo de sopa caliente.
Siento la mirada de Nathaniel sobre mi, y aprieto los puños.
Cuando me preguntan por mi prueba, respondo un simple "bien" , y a la hora de los postres los avox nos los llevan al salón para que podamos ver las puntuaciones.
Se enciende la televisión. Himno y sello del Capitolio. Caesar Flieckerman con su habitual sonrisa deslumbrante. Comienza el programa. Distrito 1.

martes, 8 de abril de 2014

Capítulo 19

Salgo de la prueba con los nudillos blancos por la tensión, y cuando me dirijo hacia el ascensor para volver a mi planta, encuentro entre dos columnas a una chica del Distrito 5 y a otro muchacho.
Ella ríe dulcemente y le pone ojitos al chico. 
Él la rodea los hombros con el brazo.
Sigo caminando haciendo una mueca, y cuando paso por su lado puedo ver el rostro del chico. Es Nathaniel. 
Siento como si me hubieran dado una patada en el estómago, los ojos me arden y las lágrimas luchan por salir.
Me ve y se separa rápidamente de la chica.
Corro hacia el ascensor y le pego un puñetazo al botón que tiene dibujado el número 9. 
Las puertas se cierran y dejan a Nathan fuera.
-¡Demi! !Espera!- 
Me apoyo en la barandilla para no caerme, con las mejillas empapadas.
En realidad no tengo razones para enfadarme, no somos nada.
Por suerte, Cyntia y mis mentores están en el comedor, y no hay nadie en el pasillo.
Entro en mi dormitorio y cierro de un portazo.
Mi cuerpo se resbala por las paredes, acabo acurrucada en el suelo, sollozando.
-¡Demetria!- Nathaniel aporrea la puerta sin parar. Entierro el rostro entre las rodillas.
Todos estos años he visto cómo flirteaba, como coqueteaba con las otras chicas. 
No se porqué me afecta tanto. Pero me llena de dolor y rabia. 
Activo el pestillo y me dejo caer en la cama, ignorando su voz, sus suplicas, todo. 

domingo, 6 de abril de 2014

Capítulo 18

- Demetria Gillersone, acuda a evaluación personal- 
La voz mecánica y plástica pronuncia mi nombre, yo me pongo en pie, presa de los nervios. 
Ya han llamado a Nathan, y también me muero de ganas por saber cómo le ha ido.
Cruzo la puerta clavando las uñas en la palma de la mano, y me encuentro en una sala llena de armas, con arenas de combate y algunos muñecos de tiro.
Los vigilantes me miran con total seriedad.
- Tiene diez minutos para presentar la habilidad elegida- dice el vigilante jefe con indiferencia, y se sirve algo de vino el un vaso de cristal.
Suspiro profundamente y camino hasta las armas.
Me hago con una daga afilada y de tamaño mediano y corro hasta un muñeco. 
Lo observo un segundo y sin pensarlo empiezo a lanzarle tajos a diestro y siniestro, desgarrándolo hasta dejarlo sin cabeza. 
Agarro la daga con fuerza y me dirijo hacia una cámara con muñecos virtuales y selecciono el nivel de máxima dificultad, temblorosa.
Las puertas se cierran tras de mi y todo se oscurece un segundo. 
Luego aparece un hombre de color rojizo, corre hacia donde estoy con una espada virtual, como él.
Me lanzo contra su pierna y la acuchillo, para luego rematarle en el estómago.
El muñeco explota y enseguida vienen otros dos, esquivo los cuchillos que me lanzan y les doy en el hombro y la espalda.
Enseguida se acerca otro con un arco, y le lanzo la daga para acertarle en el brazo con el que maneja. 
Este también se reduce a pedazos y mi arma cae al suelo a unos metros de mi.
Aparece otro muñeco con una lanza, me tiro al suelo y ruedo como puedo, evitando una estocada, alcanzando la daga de nuevo y clavándola en su corazón.
Me coloco en guardia, pero la simulación termina.
- Su tiempo se ha agotado-
Respiro con dificultad, me tomo unos segundos para recuperar el aliento, y camino a pasos largos dedicando una mirada rápida a los vigilantes. 
Ellos me observan en completo silencio. 

sábado, 29 de marzo de 2014

Capítulo 17

Hoy son las pruebas para los tributos, y estoy realmente intranquila. 
He aprendido a usar las dagas, y no se me da mal, pero no creo que sea suficiente para sorprenderles. 
Nathaniel se las arregla muy bien con las hoces, y Cassie con las lanzas es muy diestra. Demasiado diestra.
Doy un profundo suspiro mientras me pongo el uniforme y bajo a desayunar.
Eleanor nos da varios consejos, pero no los escucho, pues mi mente trabaja a toda velocidad. 
Tengo que aparecer con paso seguro, provocar estruendo, que me tengan muy en cuenta. 
-Demi, ¿estas escuchando?-
Salgo de mi ensimismamiento y asiento con la cabeza mientras termino la leche caliente que me esperaba en la taza.
Nathan y yo nos encaminamos hacia la sala de entrenamiento, le miro a los ojos y él me corresponde a la mirada.
-Suerte, y que los nervios no te la jueguen- me susurra mientras sonríe.
-Lo mismo digo- 
Y antes de cruzar la puerta me acerco a su mejilla y le doy un beso. 
El parece algo sorprendido, pero sonríe de nuevo y me coloca un mechón de pelo tras la oreja. 
Oímos pasos, así que nos separamos y caminamos hasta nuestros asientos.
El resto de tributos hablan y ríen, los profesionales observan a todo el mundo con suficiencia.
Busco la mirada de Cassie, y cuando la encuentro ella pronuncia sin hablar un "Buena suerte"
Asiento con la cabeza, y cuando comienzan a nombrar tributos empiezo a dejar que los nervios acudan a mí.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Sinsajos.


Aviso

¡Hola, tributos! Vengo a daros el aviso de inactividad durante estas semanas, por exámenes de recuperación, pruebas, concursos...etc
En cuanto pueda escribiré más seguido, pero por ahora iré poco a poco debido a que aún estoy planeando algo de trama que me falta.
Un beso.

Capítulo 16


Esta noche consigo dormir algo mejor, aunque doy vueltas en la cama durante muchísimo tiempo pensando en el vídeo que nos pusieron después de cenar.
Odio los Juegos. Somos niños inocentes obligados a matar, a apuñalar y a desgarrar sólo para que los locos del Capitolio disfruten. 
No quiero ser un instrumento. Supongo que nadie quiere...pero es lo que me ha tocado, lo que nos ha tocado. 
Pero sé que no puedo salir viva, por mucho que le duela a mi familia, porque tengo a alguien a quien proteger. 
Ahora mismo debo centrarme en Nathan, que vuelva sano y salvo...sintiendo mucho que Cassie también tenga que morir. Pero yo no voy a ser su verdugo.
Me despiertan los golpecitos histéricos de Cyntia, insistiéndome que me de prisa  para llegar cuanto antes a la sala de entrenamiento.
Paso los días practicando con los nudos y el fuego, me atrevo a usar las armas, centrándome en las dagas y en las hoces .
Ignoro a Nathaniel y voy con Cassie, y al final decidimos ser aliadas.
Observo a los profesionales y sus habilidades, a Hugo, y al resto de tributos.
En los tiempos libres hablamos con nuestros mentores y comentamos estrategias, nos comunican que el último día de entrenamiento lo pasaremos con ellos y nos darán los últimos consejos antes de que comience el espectáculo.

jueves, 13 de marzo de 2014

Capítulo 15


Por fin llega la hora de la cena, donde podemos reunirnos con Eleanor e Ignatus.
Me apresuro a pulsar los botones del ascensor, tengo muchas preguntas que hacer.
Aparezco en el comedor y veo a mi mentora sirviéndose la cena tranquilamente.
Cuando me ve sonríe, como siempre, y hace un gesto con la cabeza.
Justo cuando voy a sentarme aparecen Nathan e Ignatus, este último le comenta a mi amigo lo interesante que le parece el terciopelo de la alfombra.
Nathaniel no puede reprimir una mirada pícara mientras le ofrece asiento y luego se sitúa a mi lado.
Los dos intercambiamos una sonrisa cansada y observamos el banquete que nos van sirviendo los avox.
-¿Que tal vuestro primer día de entrenamiento? ¿Os habéis fijado en el resto de tributos? Para después de la cena he conseguido un vídeo con información que puede seros de utilidad-
-Creo que los dos nos hemos fijado bastante en los profesionales...son muy buenos- murmura Nathan.
-Yo he conocido a una chica del 6, se llama Cassiopeia...y creo que si queremos aliados ella es la primera candidata. Es muy ágil con las lanzas...y le gusta mucho desafiar a nuestros "amigos" profesionales-
Nuestros mentores escuchan en silencio, Eleanor añade:
-Yo esperaría un poco para ver si es de confianza...veré si puedo comunicarme con sus mentores-
-¿Qué tal el resto de cosas?- suelta Ignatus mientras parte el plato con el cuchillo, se piensa que el filete sigue ahí.
-Como dijisteis, hemos empezado con los frutos y los nudos- Nathan coge algo de ensalada.
-Mañana armas y equilibrio- nos ordena la mentora, y lo poco que queda de velada la pasamos en silencio, pensando cada uno en lo nuestro.
Al terminar nos dirige a una sala con mullidos sillones y bandejas de plata con algo ligero para picar.
Hay una televisión enorme, y un avox alcanza algo que le pasa Eleanor mientras nos acomodamos y las luces se apagan.
Suena el himno de los Juegos y sale el símbolo del Capitolio, luego el logotipo del Distrito 1.
La chica de pelo negro sale sonriendo con suficiencia. Al parecer se llama Ariadna y tiene diecisiete años. Su compañero es fuerte y robusto, su nombre es Louis y tiene dieciocho.
Distrito 2, la chica rubia es Katrynna, y su compañero Kendall. Ambos tienen dieciocho.
Distrito 3, ambos doce años, cara asustada.
Distrito 4, niña flacucha y...el chico de pelo negro, de mirada hundida y seria. Se llama Hugo y no sobrepasa los catorce.
Su imagen se me queda grabada en la cabeza y no presto atención hasta llegar a Cassie, que sonríe tranquilamente.
Dejo de fijarme en el resto de niños, sólo vuelvo a centrarme cuando los últimos tributos de Distrito 12 aparecen en la pantalla. Tienen el rostro manchado, inocente, se nota que han llorado.
Siento un pinchazo en el estómago.

sábado, 8 de marzo de 2014

.


¡Hola, tributos!
He estado navegando por el universo de blogger, y para mi sorpresa y decepción he descubierto que hay otro blog en el que también escriben sobre los sexagésimo novenos Juegos Del Hambre.
En él, ponen a Johanna Mason como ganadora de esa edición.
Y, como muchos sabemos Johanna ganó los septuagésimo primeros Juegos (si no me equivoco)
Me he planteado dejar de escribir en este blog, pero al final he decidido continuar con la historia, por las personas (si es que hay) que leen lo que escribo.


Así que, seguiré con la historia que tanta ilusión me hace compartir con el mundo.
¡Un saludo!
P.D. Lo siento mucho por no haber escrito durante esta semana, pero estaba con exámenes.

Capítulo 14


He pasado un buen rato hablando con Cassie, y me parece muy simpática.
Por lo que me ha contado, viene del Distrito 6, tiene tres hermanos y vive con su abuelo.
Nos hemos ayudado a estudiar las bayas y a reconocerlas, mientras conversábamos animadamente.
Al rato aparecen las dos profesionales. Nos miran, ríen y cuchichean por lo bajo.
Suelto un bufido, me ponen nerviosa. Quiero soltarles que son unas estúpidas, quiero pegarlas una paliza.
Tengo que descargar mi ira con alguien.
Cassie me coge el brazo y me mira.
-Son idiotas, déjalas...Podrás darles su merecido- me guiña un ojo y yo me estremezco, centrando la mirada en el fruto que tengo mas cerca.
Ella y yo vamos de puesto en puesto, probando los nudos y las trampas.
Hay veces en las que observo a los profesionales. Son realmente buenos con los cuchillos, las hachas y los machetes. He de admitir que me tienen aterrorizada.
-Quiero probar las armas, me da mucha rabia ver como esos cuatro se pavonean- Cassie chasquea la lengua y camina hacia las lanzas. La sigo.
Alcanza la que tiene más cerca, con seguridad, y mira fijamente a los profesionales con una sonrisa burlona. Ellos se dan cuenta y se cruzan de brazos, murmurando.
Mi compañera se dirige a los muñecos y se prepara en posición, me parece raro que actúe con tanta destreza cuando nadie la ha enseñado.
Se impulsa, tensa las extremidades y deja que la lanza vuele hacia la diana.
Apenas veo el recorrido que lleva a cabo, sólo como atraviesa el supuesto corazón del muñeco.
Ella sonríe y coge tres armas mas, y las lanza con rapidez, una detrás de la otra.
Me quedo paralizada, y cuando viene hacia mí sonríe ampliamente.
-Cierra la boca, van a entrar moscas-
La sigo, completamente asombrada.
-Si tienen algo de cabeza, no se acercarán a nosotras en lo que queda de entrenamiento...y tampoco en La Arena-
-¿Estas suponiendo que podríamos ser aliadas?- arqueo una ceja.
Ella asiente con la cabeza lentamente.
-Tengo que consultarlo...con Nathaniel-
-¿Ese chico al que tanto miras de tu mismo distrito? Me parece bien- sonríe de nuevo y me deja con la respuesta en los labios.

jueves, 6 de marzo de 2014

Capítulo 13


Nathaniel y yo somos guiados a la sala de entrenamientos, y, como nos ha ordenado Eleanor, nos miramos una vez más antes de ignorarnos.
Allí esperan algunos tributos, hay cuatro con aire de suficiencia, puedo intuir que son los profesionales.
Hay dos chicos altos y robustos, los dos son morenos y tienen los ojos color miel y grises.
Las chicas son de estatura normal, bastante guapas.
Una de ellas tiene el pelo completamente negro y los ojos de un verde profundo.
La otra es rubia y tiene los ojos negros.
Desvío la mirada, incómoda, y me fijo en el resto.
Hay como seis niños que no superan los doce años, el resto tienen mi edad o son más mayores.
Veo a un chico, más bien bajito en una esquina. Tiene el pelo y los ojos color azabache, y escruta la estancia con detenimiento, fijándose en cada detalle.
Cerca de él hay una chica que parece tener mi edad, que también observa al resto de tributos con curiosidad.
A los minutos aparece una mujer con un moño, y de carácter serio.
-Bien, bienvenidos, tributos. Estos días permaneceréis aquí la mayor parte del tiempo, y os aconsejo que lo aprovechéis sino queréis morir nada más comenzar los Juegos.-
Nos mira a todos, calculadora.
-Como posiblemente os hayan comentado, hay varios puestos. Armas, alimento, nudos y trampas, combate cuerpo a cuerpo, equilibrio...- cada uno tendréis algunos campos obligatorios, con instructores,  cuando terminéis las "clases" obligatorias podréis hacer lo que queráis- finaliza la mujer, y acto seguido desaparece por la puerta.
Nathaniel y yo nos vamos con nuestro instructor correspondiente. Estamos en el puesto de camuflaje.
Pasamos un rato experimentando potes y barro sobre nuestra piel, como el hombre nos indica.
Sinceramente, no tengo planeado camuflarme en La Arena.
Cuando se acaba el tiempo, voy hacia el puesto de los frutos y las plantas, donde me encuentro a la chica de antes.
El pelo castaño y rizado le cae sobre la espalda, y sus ojos azules observan el puesto con picardía.
Parece simpática.
-¡Hola!- me saluda y sonríe.
-¿Como es posible reconocer todo esto? ¡Voy a volverme loca!-
Su comentario me hace sonreír.
-No pierdas los nervios...esto lleva su tiempo-
Ella se sienta en el suelo y frunce el ceño.La imito.
-Soy Cassiopeia, pero llámame Cassie- extiende la mano con amabilidad.
-Yo soy Demetria pero...llámame Demi- digo estrechándola, y sonrío.

domingo, 2 de marzo de 2014

Capítulo 12


Esta noche apenas duermo. Sólo puedo pensar en mi familia, y en los Juegos, que se acercan peligrosamente.
No quiero morir, quiero volver a ver a mi familia. Pero me niego completamente a que Nathaniel pierda la vida por entretener a cuatro estúpidos.
Después del desfile hablé con él, y me encantó...pero me había llamado "amiga"
Es una verdadera tontería pensar eso, estoy a punto de morir y actúo como en una crisis adolescente.
Debo centrarme en que Nathan salga con vida, sin importarme lo que sienta o no por mí.
Consigo dormir una media hora, y cuando abro los ojos de nuevo encuentro al pie de mi cama lo que parece el uniforme para el entrenamiento.
Me doy una ducha, y contemplo con asombro como aún mi piel sigue  blanca y pálida, sin rastro de  pecas ni imperfecciones.
Me visto con desgana y voy hasta el comedor, donde me encuentro con Ignatus sentado a la mesa, examinando un panecillo para comprobar si es comestible.
Sonrío apenada y le saludo.
-Buenos días, Ignatus...¿Está bueno el pan?-
Levanta la mirada y parece no reconocerme, pero entorna los ojos y sonríe.
-Hola, Demi- se limita a murmurar.
Me sirvo algo de leche caliente, y cuando estoy a punto de darle un buen mordisco a una tostada, aparecen Eleanor y Nathaniel, seguidos por el taconeo de Cyntia.
Saludan con amabilidad y empiezan a servirse el desayuno, cuando estamos todos en la mesa, mi mentora se dispone a hablar.
-Bueno...sólo tenéis unos días para entrenar, y después comienza la acción...¿Queréis estar juntos en la Arena?-
La pregunta hace que se me acelere el pulso, y clavo la mirada en mi...¿amigo?
Nos quedamos en silencio unos segundos, luego él asiente con la cabeza de forma que sólo yo lo noto.
Sonrío con alivio y vuelvo a mirar a Eleanor.
-Sí- digo con un hilo de voz.
-Bien, pues durante el entrenamiento nada de ir juntos. Que cada uno practique por su lado las siguientes opciones que voy a deciros: Debéis aprender a diferenciar los distintos tipos de frutos, animales y plantas que os encontréis, tendréis tiempo de ir a ese puesto- toma algo de café antes de proseguir.
-Necesitáis equilibrio y práctica sobre los lugares altos e irregulares, como los árboles, así que también tenéis que trabajar ese campo. En cuanto a las armas, quizás sea la opción en la que más debáis insistir.
Os recomiendo las espadas, los cuchillos, las lanzas...y puede que encontréis alguna hoz, son peligrosas. Lanzad a las dianas desde alguna distancia razonable, y después de cerca.
Por ahora, eso es todo...En la cena hablaremos de los aliados, la comida y demás puntos- termina de hablar con seriedad y le da otro sorbo a su taza.


sábado, 1 de marzo de 2014

Capítulo 11


 Snow pasea su gélida mirada por todos los tributos de este año, y luego hace una mueca parecida a una sonrisa.
Comienza a hablar pausadamente, con voz tranquila.
Repite casi lo mismo que se dijo en la Cosecha. Desconecto para observar disimuladamente a los tributos, al público y luego a escrutar el rostro del presidente.
-...Y se decretó que cada año, los doce distritos de Panem entregarían a una chica y un chico entre doce y dieciocho años para ser entrenados en el arte de la supervivencia, y estar preparados para luchar a muerte- los presentes aplauden como si su vida dependiera de ello, pero Snow hace un gesto y todos enmudecen.
-Bien tributos..sólo me  queda decir que...¡ Se dan por comenzados los sexagésimo novenos Juegos Del Hambre; que la suerte esté siempre de vuestra parte! -
Gritan, aplauden y vitorean, nosotros sonreímos mientras los caballos emprenden de nuevo su camino y nos alejan de la multitud hambrienta.
Varios agentes de la paz nos hacen bajar de los carros y nos conducen a un gran edificio.

Allí nos encontramos a Eleanor e Ignatus, suelto un suspiro de alivio al verlos.
Nathan y yo nos apresuramos a reunirnos con ellos, mientras esperamos al ascensor que nos llevará a nuestra planta correspondiente, la nueve.
-Habéis estado perfectos, emocionantes- nos comenta nuestra mentora con una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Magníficos, preciosos, espectaculares!- exclama Cyntia tras de ella.
-Gracias...- me obligo a sonreír de nuevo mientras pasamos al ascensor.
-Mañana comienzan los entrenamientos, tenedlo presente. Descansad, y mañana en el desayuno hablaremos sobre la estrategia- suelta Ignatus entonces, y vuelve a concentrarse en el suelo.
-Yo no lo habría dicho mejor- murmura Eleanor, divertida.
-Buenas noches, chicos, me ha encantado lo bien que lo habéis echo- se despide, y Cyntia nos da palmaditas para que salgamos del ascensor.
Nathaniel y yo nos despedimos con la mano hasta que las puertas se cierran.
Luego él va hasta una pared y se apoya en ella mientras se quita el sombrero.
Dudo un momento, pero voy hasta su lado y me siento en el suelo.
-Hemos sido los mejores, piensa eso...te alegrará- se deja caer a mi lado, yo le miro.
-Lo que me alegra es que tengo a alguien aquí que está en mi misma situación- le golpeo el brazo con suavidad y sonrío.
Él me observa y corresponde con una sonrisa cansada.
-A mí me alegra tener una amiga aquí-
Siento como el rubor acude a mis mejillas, pero le contesto.
-Aún recuerdo cuando jugábamos de niños a la pelota, y,cuando ya más mayores me pedías los apuntes de historia- digo riendo.
-Me gustaría volver atrás, a esos días- bufa y me pone un brazo alrededor de los hombros amigablemente, yo me recuesto sobre su hombro y cierro los ojos.
-Ojalá..- susurro.
Nos quedamos un rato así, en silencio, hasta que me levanto sacando fuerzas de no sé donde.
Le ayudo a ponerse en pie.
-Nos vemos mañana- le saco la lengua y entro a mi dormitorio con una sonrisa que poco a poco va desapareciendo.

Capítulo 10


Niglan me guía por los pasillos y me lleva hasta un ascensor que desciende varios pisos y, cuando las puertas se abren soy capaz de ver a todos los tributos por primera vez.
Todos van vestidos de forma espectacular, aunque también ridícula.
Avanzamos hasta llegar al carro del Distrito 9 ,donde esperan Nathan y otra mujer con el pelo dorado y ojos verdes.
-Destiny, ¿le has explicado al chico como tiene que hacerlo?-
- No, quería esperar a que llegaras- responde la mujer con una sonrisa.
No escucho la conversación que están teniendo, ya que sólo hablan de cómo nos queda la ropa.
Miro a mi compañero, está realmente guapo. Sus ojos almendrados brillan tanto como los míos y tiene el cabello castaño peinado de una forma desenfrenada que le queda muy bien.
Él también me mira, y yo le sonrío, está muy sorprendido por verme así.
-Estás guapa- comenta y me guiña un ojo.
No me da tiempo a responder, porque Niglan nos corta.
-Bien, como podéis ver, el carro está decorado como si fuera un campo de trigo-
Los dos asentimos con la cabeza, y esperamos a que continúe.
-Pues no está así para que os quedéis contemplando la grandeza del estadio como palos- añade mientras nos entrega una hoz dorada para cada uno. Es pesada, y el tacto es frío.
-Cuando los caballos comiencen a caminar, vosotros entraréis trabajando la tierra, como si no os enterarais de que el resto del mundo existe. A mitad del camino alzaréis la vista, y sacareis vuestra mejor sonrisa. Saludad como locos, y luego coged el trigo y lanzadlo al público-  termina Destiny.
-El brazalete de Demetria brillará durante todo el camino, para que la gente sepa que estáis allí, que no os ignoren- dice Niglan mientras le coloca un sombrero de paja a Nathaniel.
-Debemos irnos ya, haced lo que os decimos y les encantaréis- nos murmura la estilista y vuelve a sonreír, luego se aleja despacito observando a los demás carros.
-Una última cosa...No existís el uno para el otro, sólo las hoces, el trigo y el público- nos suelta Niglan, y acto seguido se va.
Nos quedamos en silencio un momento y luego sonreímos.
-Vamos a dejar con la boca abierta a esos idiotas que se divierten al vernos morir- dice él en tono seguro, y me ayuda a subir al carro.
Sonrío ampliamente y asiento con la cabeza, los dos nos encorvamos y colocamos las hoces.
-Suerte- le susurro cuando veo como los primeros caballos emprenden su camino.

Avanzamos lentamente, y cuando vemos a las primeras personas empezamos a interpretar nuestro papel de arar y trabajar mientras escuchamos la voz de Caesar Flickerman presentando a los distritos.
-¡Distrito 1, tan deslumbrantes y optimistas como siempre! ¡Distrito 2, fuertes, osados, inminentes! ¡Distrito 3, son tan...! ¡Un momento! ? ¿Y ese carro de los del final? ¡Distrito 9, se creen que siguen en sus campos de trabajo!-
Al oír el comentario alzo la vista, y sonrío como nunca he sonreído.
Alzo los brazos y comienzo a saludar como una posesa, al igual que Nathan.
La gente aplaude como loca, entonces sé que ha llegado el momento. Dejo un momento en el aire el brazo en el que llevo la joya de oro, luego me agacho y recojo los granos y los tallos con las hojas de trigo, para lanzarlas con elegancia hacia nuestro público.
Ellos rugen y gritan, ríen y dan algunos saltitos.
El Distrito 1 y el 9 estamos triunfando.
Lanzo besos al aire, ignorando monumentalmente a mi compañero, y sigo saludando hasta que rodeamos la plaza para reunirnos y escuchar al presidente Snow.
Clavo la mirada en él y bajo los dos brazos, quedándome completamente tiesa.

viernes, 28 de febrero de 2014

Capítulo 9


La chica del espejo no soy yo. Es tan blanca como la nieve, no tiene pecas, y los ojos están deslumbrantes y pintados con delicadeza.
Los cabellos son rojos y brillan enigmáticamente; están recogidos con elegancia de una forma preciosa,caen por la espalda y están decorados con flores y plantas doradas como el trigo.
La piel es completamente suave, y desprende olor a lilas y claveles.
Sí, parece que soy yo, pero muy mejorada.
Esbozo una sonrisa, pero esta se borra cuando Carlynn, la mujer con el pelo rosa tira del hilillo que sujeta la bata contra mi cuerpo y me deja completamente desnuda.
Estoy a punto de soltarle una grosería cuando por la puerta aparece un tipo con los ojos azul cobalto y un traje amarillo, con el pelo cobrizo. Me observa una milésima de segundo y luego dice:
-Cubridla, es suficiente- las maquilladoras lo hacen y se retiran del cuarto, soltando risitas.
-Siéntate- dice el hombre señalando un sillón. Le hago caso y tomo asiento, él me sigue.
-Soy Niglan, tu estilista- me observa el rostro con atención y me dedica una sonrisa torcida.
-Han sabido sacarle partido a tu belleza,y ,como comprobarás, estás guapísima...Le encantarás al público...aunque sólo si se fijan en vuestra carroza, lo que es poco probable debido a que estás entre los distritos de la periferia, los más empobrecidos-
Las palabras me sientan como una bofetada, y le suelto una mirada de desprecio, que él se toma a risa.
-Mi compañera y yo hemos echo lo que hemos podido- susurra incorporándose y sacando su obra de arte. Es un simple traje de granjero.
Me visto delante suyo, me coloco las botas y los tejanos, luego me abotono la camisa de cuadros y dejo caer uno de los tirantes del mono que va por encima.
Niglan me coloca un brazalete dorado que se enrosca en mi brazo y me retoca los ojos. Parece que quiere que resalten.
-Cuando la carroza se ponga en marcha, el brazalete comenzará a soltar destellos...Es un pequeño detalle que he añadido-
-Gracias- es lo único que se me ocurre decir.

Capítulo 8


Salgo de mi dormitorio con la voz de Eleanor rondando en mi cabeza, con la conversación que tuvimos  totalmente grabada.
Después de eso, Cyntia aprovechó y me dijo que me pusiera bien guapa, en breve llegaremos al Capitolio.
Me reúno con Nathan y le sonrío, mientras esperamos a nuestros mentores.
Aparecen a los pocos minutos, Ignatus tiene las manos entrelazadas y sonríe diciéndose cosas a sí mismo, cuando nos ve agita las manos alegremente y se sienta enfrente nuestro, le sigue Eleanor.
-Cuando bajéis de este tren encontraréis algo que...por así decirlo, os dejará asombrados y confusos.
Os llevarán junto a vuestros estilistas y os pondrán bien guapos para el desfile de los tributos y el discurso del presidente Snow. El resto de indicaciones más tarde- dice al ver que el tren comienza a frenar.
-Nos vemos luego, chicos- es lo único que dice Ignatus, y sonríe como un niño pequeño.
Nathan y yo sonreímos forzadamente, y cuando Cyntia aparece, la seguimos para salir de nuestro transporte.
Me armo de valor y cojo el brazo de Nathaniel, mirándole.
-Estoy un poco...aterrorizada- murmuro de forma que sólo él escucha.
-El sentimiento es mutuo- me sonríe ampliamente, por primera vez, y salimos al exterior.
Le suelto el brazo, intentando no sonrojarme, y miro el Capitolio con los ojos como platos.
Es lujoso, moderno y agobiante. Sigo a los agentes de la paz hasta un gran edificio, donde me separan de Nathan y me encierran en un ascensor que sube varias plantas, cuando se abre veo a tres personas multicolores y con un perfume que me produce nauseas, que me cogen las manos y me acarician el pelo con exageracíon.
-¡Es pelirroja! ¡Que muchachita tan mona!- exclama una mujer con bucles y el pelo rosa, con los brazos pintados de dorado.
-¡Y tiene la piel blanquísima!- exclama otra que parece un marciano mientras me soba los brazos y la clavícula.
Me conducen hasta una sala con una camilla y mil productos, y prácticamente me arrancan la ropa como buitres.
Empiezan a echarme cremas y fragancias por todas partes, me estiran las facciones de la cara y veo como cogen varias tiras de cera para depilarme.
Suelto pequeños quejidos cada vez que arrancan las tiras, y respondo a las preguntas que me hacen con toda la amabilidad posible, sonriendo como puedo.
Comienzan a peinarme y a pintarme los labios, a llenar mi rostro de...no sé exactamente de qué, luego me levantan y me ponen frente a un espejo. No puedo ser yo.

Capítulo 7


Abro el grifo plateado, bostezando con desgana, e inundo mi rostro con agua fría.
No he asimilado nada. Bueno,una cosa sí. Dentro de poco moriré para entretenimiento del Capitolio, y lo mas probable es que Nathan tampoco sobreviva.
Vuelvo al dormitorio y me dejo caer en la cama, no quiero salir en todo el día, no quiero salir hasta que lleguemos a nuestro destino.
Pido que me traigan el desayuno al cuarto y no dejo entrar a Cyntia, por muy llorona e indignada que se pone, aporreando la puerta y diciendo mi nombre como si fuera un disco rayado.
Se cansa con facilidad y se aleja cotoneándose hacia un sitio que me importa muy poco saber.
Encuentro mi ropa del día de ayer tirada en el suelo con una cadena dorada al lado.
Me acerco hasta ella y descubro con sorpresa que es el medallón de bronce que llevo conmigo todas las Cosechas...se me había olvidado que lo llevaba. Lo estrecho entre mis dedos observando su forma, sonriendo levemente.
Tiene forma de dos C entrelazadas y ondeantes. Es muy sencillo, y me encanta.
Me lo regaló mi madre cuando tenía cinco años, el día en que mi abuelo se fue al cielo.
Aún sigo diciéndome que los ángeles le cuidan y que está mejor que en vida.
Me engancho la cadena alrededor del cuello justo cuando llaman a la puerta.
-Cyntia, te he dicho que te vayas- bufo exasperada.
-No soy Cyntia - dice una voz tranquila y femenina.
Me arrastro hasta la puerta y giro el pomo, dejando pasar a mi mentora.
-Eleanor...Hola- digo volviendo a sentarme sobre la cama, ella me imita.
-Sé que esto es muy duro para ti- murmura con amabilidad y me mira a los ojos.
-¿Y para quién no?- pregunto con sarcasmo.
Ella se coloca un mechón de pelo tras la oreja y me sonríe.
-Pero para tí es más complicado...porque te gusta tu compañero en este "juego" de vida o muerte-
Me quedo paralizada un momento, y suspiro antes de recuperar el habla.
-¿Tanto se nota?-
-Puedo verlo en tus ojos...son como un libro abierto...Puedo ver que estás aterrorizada, temes por no volver a ver a los tuyos, por la probable muerte de Nathaniel...e incluso por los tributos que ni conoces, pero que sabes que veintitrés de ellos caerán por divertir a nuestros mayores-
Parpadeo varias veces, tiene toda la razón del mundo. Siento cómo las lágrimas luchan por soltarse.
-¿Qué puedo hacer? Llegados a este punto sólo quiero salvar a Nathan- digo con un hilo de voz.
- Nadie debe saber que estás enamorada, ni siquiera él. Únicamente tu y yo-
-Pero quiero decirle lo que siento antes de morir...-
-Pues...hazlo,si es lo que deseas...pero sé cauta, y carga con las consecuencias-
-¿Consecuencias?-

Capítulo 6


-Sé que no te gusta esto, pero si quieres volver con vida, debes hacer lo que te digo- contesta Eleanor mientras se pasa las manos por su cabello rubio, aparentemente tranquila.
Claro que quiero volver con vida, quiero volver a mi Distrito, con mi familia.
Pero quiero que Nathan vuelva a casa, sano y salvo.
Le miro a los ojos, interrogante.
-Tenéis que sacar vuestra parte más adorable, simpática y dulce, aunque también debéis mostraros seguros y...- suelta Ignatus de repente, y deja lo último en el aire, para volver a centrarse en el mantel y asentir con la cabeza frenéticamente mientras se ríe con nerviosismo.
Observo lo que hace, le observamos todos. Cyntia hace una mueca y trata de distraerse sacando un espejito de alguna parte y se retoca los pómulos. Eleanor le roza el brazo y le sonríe con dulzura
-Ig,creo que ya es muy tarde...no querrás que Pervinca se enfade y vea que estas levantado aun...-
Él rueda los ojos y sonríe, con los ojos brillantes.
-Tienes razón...no,no puedo defraudar a Vinca- acto seguido se levanta y sale del comedor atolondradamente, mientras nuestra mentora le hace una seña a una avox para que le siga.
-Tiene trastornos mentales...salió elegido como tributo junto a su hermana Pervinca, y él la vio morir de la forma más cruel. Ganar los Juegos le traumatizó...Ahora tiene esquizofrenia, se imagina que ella sigue viva- añade con pena.
Sí, de pequeña oí hablar de los dos hermanos que salieron elegidos, y que nadie quiso ayudarles.
-Creo que es suficiente por hoy, podéis marcharos a descansar...Hay muchas cosas que asimilar- nos sonríe con amabilidad, y los dos nos levantamos y salimos de la estancia.
Caminamos por el pasillo en silencio, hasta que Nathan se atreve a hablar.
-No estoy preparado para esto...No estoy preparado para matar y luego morir-
Se me encoge el corazón, escruto su rostro en la oscuridad.
-Uno nunca lo está...pero es lo que nos ha tocado, no podemos hacer nada-
-Oye...que sepas que no está en mis planes matarte- murmura esbozando una sonrisa.
Me la contagia, incluso estoy a punto de reírme.
-Tampoco está en los míos matarte a ti-
Los dos nos examinamos con atención un momento.
-Buenas noches, Demi-
Sabe mi nombre. Me ha llamado Demi.
-Duerme bien, Nathan- le rozo el brazo involuntariamente al pasar por su lado y entro en mi dormitorio,con las mejillas encendidas.


Esta noche no duermo mucho, tengo pesadillas con Ignatus, el Capitolio, mi familia, y Nathaniel.
Mi almohada aguanta las lágrimas que derramo sin rechistar.

jueves, 27 de febrero de 2014

Capítulo 5



Alguien toca la puerta con los nudillos.
- ¡Deeeeeemiiiiii!- exclama una voz chillona desde fuera.
¿Desde cuándo me llaman Demi? ¿Desde cuándo Cyntia tiene derecho a aporrear mi puerta?
Ah,sí. Desde que estoy en  Los Juegos.
Me levanto refunfuñando y abro. Ella me sonríe asquerosamente y se dispone a hablar.
-¡Venga,no querrás llegar tarde!-
Estoy a punto de soltarle un "cállate" en toda regla, pero me contengo. Ló único que hago es seguirla por los pasillos hasta llegar al comedor, donde están sentados Nathan (desde pequeña le llamo así) , una mujer de ojos sabios y hundidos, y un hombre que juguetea con un tenedor y mira fijamente el mantel susurrando cosas que soy incapaz de entender.
- Estos son Eleanor e Ignatus, vuestros mentores desde este momento- dice ella soltando una risita que me pone muy nerviosa ,y con un gesto me ofrece asiento.
Voy hacia Eleanor y me planto a su lado, evitando mirarla.
-Como bien ha dicho Cyntia, somos vuestros mentores este año, y tanto Ignatus como yo os daremos los mejores consejos que sepamos-
Escucho con atención, y desvío los ojos a Ignatus, que parece volver al mundo.
Se le ha ido la cabeza, está claro. Parece que Los Juegos le afectaron bastante.
- Sois veinticuatro, sólo uno sale con vida - añade Eleanor, en tono serio
- Veinticuatro...sólo uno...- susurra nuestro mentor.
Ella le ignora, mientras permite que los avox nos sirvan la cena y prosigue con su discurso
- Debeís pensar bien la estrategia para La Arena, pero ahora centrémonos en lo primero.
La publicidad, lo que os ofrece más oportunidades de vivir. El desfile, las entrevistas.
Debéis causar muy buena impresión, sacar vuestra mejor sonrisa, ser cordiales y cercanos.
Sólo así conquistareis al público-
Observo a Nathan esta vez, también parece estar muy atento.
Yo decido empezar con la cena, pues las tripas me rugen.
Cuando dejo que el estofado inunde mi boca abro mucho los ojos.
Es lo mejor que he probado en mi vida.
El Capitolio sí que tiene lujos.
Desconecto un minuto para saborear los exquisitos manjares antes de volver a la conversación.
-¿Cómo lo conseguiremos? Después de esta pesadilla que nos ha tocado es imposible ser amables- digo con un deje de desprecio y miro de reojo a Cyntia. No me cae muy bien.

Capítulo 4


Abrazo a Melissa con fuerza y estrecho la mano de Edward,dejando que las lágrimas empapen mis mejillas un momento,para luego secarlas. Debo ser fuerte.
- Eh,tranquilos...todo saldrá bien - intento sonreír.
Me gustaría pensar eso, pero no es la verdad.
Me acerco a mis progenitores y les abrazo también, evitando fijarme en el ojo amoratado de mi padre.
Veo a toda mi familia llorando,aterrorizada y profundamente apenada.
- Trataré de volver - digo reuniendo todo el valor necesario para que no me tiemble la voz.
- Vuelve a casa - me susurra Edward antes de abrazarme de nuevo.
Pasamos un rato así, todos se turnan para darme besos o acariciarme el pelo. Hasta que llega de nuevo el agente y les echa.
Se me parte el corazón al observarles,al escuchar como mi hermana forcejea para reunirse conmigo, sollozando
- Volveré - las palabras salen de mis labios sin permiso, antes de que la puerta se cierre ante mis narices.

Camino hacia el tren de ida al Capitolio con Nathaniel al lado,que tiene los ojos hinchados y procura andar con seguridad. Debo decirle algo, consolarle.
-Seguro que regresas, y volverás a ver a tu familia - murmuro cálidamente antes de poner un pie en las escaleras metálicas.
Él me echa una mirada profunda, llena de significado, y asiente con la cabeza.

No me apetece ver a Cyntia, tampoco a mis mentores, así que voy de compartimento en compartimento buscando mi dormitorio, hasta que lo encuentro. Sé que es el mío porque sobre la cama hay una nota que dice : "Señorita Demetria, la cena empieza a las ocho, charlará y conocerá a sus mentores y hablaremos sobre su estancia en el lujoso y magnífico Capitolio. Le recomiendo cambiar su atiendo
-Cyntia Duffys "

Suelto un bufido y voy a lavarme la cara, luego abro el gran armario que hay a mi disposición y lo escruto con la mirada,con horror. Hay todo tipo de prendas feísimas, con colores chillones y estampados vomitivos.
Después de mucho buscar, encuentro uno grisáceo, elegante y (por alguna extraña razón) sencillo.
Me dejo el pelo suelto y me dedico a pasar el tiempo que queda para cenar mirando al techo, pensando en todo lo que he perdido.

martes, 25 de febrero de 2014

Capítulo 3



Veo cómo un chico de estatura normal,con pelo revuelto y ojos almendrados sale entre la multitud y avanza en tensión hacia donde estamos nosotras.
Rezo para que alguien salga voluntario, pero no sirve de mucho. Pasa por mi lado y se coloca a la izquierda de nuestra representante.
No puedo creerlo. Estoy colada por él desde...no sé exactamente desde hace cuanto,pero el caso es que   ahora está destinado a morir.
-¡Perfecto! Ya tenemos a nuestros tributos para este año - nos mira a los dos y nos coge las manos para luego alzarlas.
- ¡Felices Juegos Del Hambre,y que la suerte esté siempre,siempre de vuestra parte! - exclama como una niña pequeña,y espera a que el público aplauda.
Todo el mundo nos mira con tristeza y apenas lo hacen, susurran palabras que no puedo oír y entrecierran los ojos.
Nathaniel y yo somos conducidos al Edificio De La Justicia, donde podremos ver a nuestras familias por última vez.
Las paredes y el suelo son de mármol, gélido, cortante y pálido.
Los agentes me conducen a una sala con un escritorio y varios sillones aterciopelados, y las paredes están decoradas con algunos cuadros.
Contengo las ganas de llorar, hasta que pasados cinco minutos veo aparecer a mis hermanos tras la puerta.
Entonces ya no puedo retenerlas más.

lunes, 24 de febrero de 2014

Capítulo 2


Llegamos a la plaza,que está llena de gente, y controlada por varios agentes de la paz.
Aquí se separan nuestros caminos.
Doy un beso en la mejilla a toda mi familia y me separo de ellos, procurando contener las lágrimas.
Camino temblorosa a que me pinchen el dedo índice con una aguja y voy hasta donde están todas las chicas de mi edad. No saludo a nadie,no tengo a nadie a quien saludar.
Mi mejor amiga, Phoebe, falleció en los últimos Juegos, y llevo un año sin relacionarme con nadie en el colegio.
La imagen de ella muerta,inerte,luchando por sobrevivir me viene a la cabeza cada noche.
No fue culpable de ninguna muerte,ella solo pretendía salir con vida de la Cornucopia.
Aparto esos pensamientos de la cabeza al ver que reina el silencio y veo a Cyntia, la representante del Distrito 9 en el Capitolio, aparecer en el escenario y colocarse frente al micrófono y las urnas de cristal con los nombres de prácticamente todos los niños del Distrito.
Va vestida de azul eléctrico y plateado, con la piel teñida de un extraño color moteado y el pelo por la cintura y de color violeta. La mitad de su cráneo permanece sin un solo pelo y está decorado con pinturas de mariposas batiendo las alas.
Me dan arcadas sólo de verla,y siento que se me suben a la garganta cuando su voz plástica y chirriante inunda el ambiente.
Nos saluda con una sonrisa de oreja a oreja más falsa que su tinte, y comienza a dar el discurso de todos los años. Sobre la rebelión de los distritos, los Días Oscuros y lo que el Capitolio había echo al respecto: Los Juegos Del Hambre.
- ¡Sin más dilación,escojamos a dos los tributos de los sexagésimo novenos Juegos Del Hambre! - exclama con voz chillona.
-Como es habitual,las damas primero- suelta una risita, mete sus frágiles dedos en una de las urnas y juguetea con los papelitos hasta agarrar uno. Lo abre cuidadosamente y vuelve a sonreír antes de anunciar el nombre.
- ¡Demetria Gillersone! -
Me quedo completamente paralizada. Es mi nombre. He salido elegida.
Siento cómo mis piernas toman el control sin permiso y caminan hacia el escenario,temblando con violencia.
Puedo oír los sollozos de mis hermanos y cómo mi padre suelta una grito e intenta correr hacia mí.
Los agentes lo inmovilizan en medio segundo y le amenazan con electrocutarle.
Subo las escaleras dejando que una lágrima resbale por mi mejilla y me coloco a la derecha de Cyntia,con la mirada fija en algún punto en el aire.
-Muy bien,ahora,el tributo masculino- canturrea ella y vuelve a repetir el proceso con los papelitos.
- ¡Nathaniel Hugson! - exclama con los ojos brillantes.
Siento como el alma se me cae a los pies y la respiración se me entrecorta.
Por favor,él no...

Capítulo 1




Sujeto el rastrillo de madera, tensando los brazos. Lo hundo en la tierra mientras me seco el sudor de    la frente y arrastro las semillas, y me agacho una y otra vez para que en un tiempo puedan germinar.
Pasan las dos horas de mi turno,que me parecen meses,y los agentes de la paz me permiten marcharme a casa.
Me echo el pelo rojo hacia atrás y me coloco de nuevo el sombrero de paja mientras camino por las estropeadas y oscuras calles,con nerviosismo.
Hoy es el día. Hoy se celebra el día de La Cosecha, donde dos niños indefensos partirán a un viaje del que probablemente no vuelvan.
Mi nombre ya ha entrado dos veces en las urnas,y por suerte no he salido seleccionada como tributo femenino en los últimos años.
Corro hacia mi pequeño y humilde hogar para poder ducharme y vestirme antes de ir hacia la plaza,pues hay que estar presentables ya que un equipo televisivo del Capitolio vendrá a grabar todo.
Entro en la cocina y apenas pruebo una tostada,saludo a mis padres,que corren de aquí para allá preparando vestimentas para mis hermanos pequeños.
Sus nombres aún no entran en las urnas,ya que solo tienen ocho y nueve años.
Ese pensamiento me hace suspirar de alivio mientras entro en el cuarto de baño,me despojo de la ropa que uso los lunes de madrugada para mi turno en los campos de trigo,y entro en la ducha negruzca y oxidada. Por suerte,hoy el agua está templada y queda algo de champú para aplicarme en el pelo y el cuerpo.
Me apresuro en terminar de ducharme y voy a mi dormitorio,donde me espera mi vestido azul marino con un lazo del color del pergamino,el que llevo a los festejos importantes.
Recojo mis cabellos pelirrojos en una diadema y bajo las escaleras de tres en tres hasta llegar a la entrada, donde toda mi familia me espera,mirándome con pena,como todas las familias del Distrito 9 miran a sus hijos desde que cumplen los doce años.
Salimos de casa con lentitud,mientras mis padres me acarician el pelo y mis hermanos, Melissa y Edward me cogen la mano. Temen por mí, y eso me hace ponerme más nerviosa de lo que ya estoy.
Sí, tengo mucho miedo. Odio las Cosechas y odio al Capitolio.


domingo, 23 de febrero de 2014

Presentaciones






¡Hola a todos!
 
Como podéis ver por el título,este blog estará dedicado a los sexagésimo novenos Juegos Del Hambre.
Tenía creada otra cuenta sobre esto, pero soy tan distraída que perdí el nombre y la contraseña...Así que aquí vuelvo, para modificar algunas cositas y terminar la historia de Demi y (ahora con nuevo nombre) Nathaniel.


Espero que disfrutéis la historia que una pequeña fan tiene preparada para vosotros.
Un cordial saludo:
Osada en Panem.