sábado, 26 de abril de 2014

Capítulo 25


Mis tacones resuenan por el pasillo, iluminado con una luz tenue y cálida.
Niglan se ha marchado hace apenas dos minutos para sentarse entre el público, y me ha dejado sola. Aunque Nathan no tarda mucho en aparecer a mi lado.
Su cabello está peinado, pero sigue teniendo ese toque alocado.
Lleva un traje rojo vino, y hay una gran sonrisa dibujada en su perfecto rostro.
-Estás preciosa- dice tendiéndome la mano.
Entrelazo mis pálidos dedos entre los suyos, y su olor a limpio invade mi nariz.
Cierro los ojos un momento, y noto cómo me alza la barbilla y junta nuestros labios.
Correspondo con cariño a su gesto, y al cabo de un rato nos separamos unos milímetros.
Me observa de arriba a abajo  con detenimiento, y yo hago lo mismo.
Después, en silencio, vamos hacia nuestros mentores.
Sólo nos espera Eleanor.
Sonríe con cansancio, y me fijo en que lleva mi colgante alrededor del cuello.
-No han permitido venir a Ignatus...está en su cuarto con la televisión encendida, y espera veros brillar esta noche-
Asentimos con la cabeza a la vez, con tristeza. Siento ganas de aporrear a los profesionales una y otra vez, pero me dedico a apretar los puños y a seguir escuchando.
-Quiero ver vuestras sonrisas más realistas, más grandes que en el desfile de carrozas. Sed dulces, bromistas, simpáticos con Caesar. Demi, mándale besos al público-
Hago una mueca -Pero...no puedo, son todos repulsivos, me entrarán ganas de vomitar-
-Sin peros- dice con seriedad y le coloca el cuello de la camisa a Nathaniel, y luego me acaricia el pelo.
-Estoy orgullosa de vosotros- sus facciones se suavizan.
Nos miramos, yo la dedico mi mejor sonrisa.
-Trataremos de conquistarles- la aprieto el hombro con suavidad, y la dejamos sola mientras vamos con el resto de tributos.
Suelto la mano de Nathan, y nos encaminamos hacia nuestros contrincantes de mañana, donde todo será un baño de sangre.
Saludo a Cassie con la mano y ella ríe. Está guapísima. Lleva un vestido violeta y de gasa que le queda por encima de las rodillas, y un corsé ajustado que le resalta todas las curvas.
Tiene media cara cubierta por una máscara plateada con pedrería, y tiene el pelo suelto y castaño lleno de ondas y rizos. Sus tacones son de plataforma y muy altos, y lleva una gargantilla literalmente pegada al cuello.
Hay algunos chicos mirándola embelesados, y yo oculto una risita. Una voz mecánica nos pide que tomemos asiento.
Me fijo en lo profesionales. El vestido de Ariadna es negro y corto, y lleva el pelo en una cola de caballo. Me lanza miradas asesinas, y yo las sostengo con rabia.
Katrynna lleva otro igual de corto y rosa chillón, le han dibujado algunas flores en el rabillo del ojo.
Oigo la voz de Caesar inundar el escenario y al público gritando con fuerza.
Van nombrando a todos los tributos. Cassie es un éxito, todo el mundo la adora.
El chico del ocho vuelve.
-¡Demetria Gillersone, Distrito nueve!- exclama Caesar, yo me pongo en pie y avanzo hacia el escenario dirigiéndole una última mirada a Nathaniel.
Mi rostro se ensancha en una gran sonrisa cuando veo al público saltar de alegría, vitoreando y chillando como locos.
Caesar extiende el brazo, yo le tiendo la mano y me la besa.
-¡Pero que guapa estás!- dice riendo y me invita a tomar asiento.
Antes de hacerle caso doy una vuelta sobre mí misma y le lanzo besos al público, que enloquece.
-Nos encantas a todos- dice con entusiasmo y sonríe con todos los dientes.
-Pues me encanta encantaros- le guiño un ojo y él suelta una exclamación satisfactoria.
-Pareces muy dulce...¡y lo eres! Pero nos han contado tu pequeño acto de esta tarde durante los entrenamientos...¿Qué puedes contarnos respecto a eso?-
Mi rostro se ensombrece levemente.
-Bueno...no me gustan las faltas de respeto, y creo que ya era hora de bajarles los humos a esos profesionales- me obligo a sonreír con picardía, y en el acto me doy cuenta de que he metido la pata hasta el fondo. Pero el público suelta una ovación.
-Parece que estás algo furiosa..-murmura Caesar sonriente.
-Puede que lo esté- suelto una risita tonta y pestañeo.
Caesar resopla con exageración y me acaricia el hombro.
-¡Parece que vas a ser dura...Demetr...!-
-Demi, llámame Demi- sonrío adorablemente.
-¡Me gusta ese apodo! ¿Y a vosotros?- El público ruge a modo de respuesta.
-Bueno,Demi...lamentablemente el tiempo se ha agotado, pero esperamos seguir viéndote en los Juegos- ríe con estruendo y me da dos besos, se despide frenéticamente con la mano, yo doy otra vuelta sobre mí misma y me despido de todos los del Capitolio que están allí como perros babosos.
Oigo los comentarios de Caesar piropeándome y el nombre de Nathaniel.
Nos cruzamos y él me sonríe, yo hago lo mismo.
Me reuno con Cassie y la felicito antes de que Nathaniel comience con su entrevista.
Ella me guiña el ojo y me susurra:
-Tu también has estado genial, pero ahora nos darán caza antes...- noto un destello de preocupación en su voz, y estrecho tu mano.
-Tranquila- digo en el mismo tono y observamos a Nathaniel.
También se le da de lujo, interactúa con la gente y tiene respuestas muy ingeniosas.
Cuando vuelve tengo que reprimir darle un abrazo.

lunes, 21 de abril de 2014

Capítulo 24

Me pego todo lo que puedo a la esquina del ascensor y me tapo el rostro con las manos.
Noto las de Nathaniel sobre éstas, cálidas y fuertes.
-No sé lo que me ha pasado- digo entre sollozos.
-Será la presión- dice y me abraza con fuerza, yo me refugio entre sus brazos.
-Sólo quiero que todo esto acabe- susurro, y las puertas se abren con apenas un chirrido. Salimos fuera.
-Venga, no llores más. Se lo merecían, aunque quizás no debiste hacerlo. Querrán darte caza la primera-
Me da un vuelco al corazón. Eso implica que Cassie y él también están en peligro.
Me besa en la mejilla con cariño y luego añade:
-Mejor vete, tienen que prepararnos para las entrevistas- sonríe con dulzura.
-Espera- digo antes de que se marche.
Voy hasta él y enredo los dedos en su pelo. Me pongo de puntillas y le beso suavemente.
El sonríe sobre mis labios y me coge por la cintura.
Nos quedamos mirando un rato, hasta que oímos los tacones de Cyntia acercarse.
Nos separamos a la velocidad del rayo.
-¡Chicos! Vuestros estilistas os esperan- da palmaditas nerviosas y sonríe.
-Ya vamos- Nathan habla por mí, yo camino hasta la sala donde me espera mi equipo de maquillaje.
Todos ellos empiezan a parlotear sobre mi buena puntuación y sobre lo bien que tengo la piel todavía. Aunque me regañan por tener los labios cortados y las cejas mal peinadas.
Estoy a punto de echarme a reír, pero solo sonrío ampliamente.
Me meten en la bañera de agua caliente. Huele a lavanda, tiene un montón de burbujas y espuma.
Cierro los ojos y dejo que me apliquen las toneladas de cremas que creen necesarias (aunque mi piel estaba perfectamente desde que me la trataron la primera vez)
Me alisan el pelo y hasta que consiguen que caiga por la espalda, con un color rojo brillante y deslumbrante.
Me llenan de polvos de colorete el rostro, y pintan mis pestañas y mis ojos de negro.
Los labios, carnosos y rojos, sólo los retocan con algo de brillo.
Me ahogan en perfume y me cubren con un albornoz de seda.
Me dejan descansando en un mullido sillón hasta que Niglan aparece y me lleva hasta otra salita, con infinidad de espejos y un maniquí con mi vestido para esta noche.
Es largo, con vuelo, de color azul marino. Suelta pequeños destellos por la parte de arriba,que me deja al descubierto los hombros, y cuando me acerco veo que son diamantes diminutos.
La parte de abajo es abultada y preciosa.
-Parece de princesa...- susurro asombrada.
-Es lo que pretendo- se encoge de hombros y me ayuda a ponérmelo. Estoy muy guapa, aunque esté mal decirlo.
Los tacones son plateados y también brillan.
Me recoge algunos mechones de cabello que me tapan el rostro y me los coloca en la parte de atrás de la cabeza con un broche en forma de mariposa.
-Sé amable, intenta parecer divertida- me aconseja.
Yo asiento con la cabeza antes de ser guiada con el resto de tributos.

Capítulo 23

-Bien, espero que me cuentes lo que ha pasado- me dice Eleanor mientras coge varias dagas y cuchillos y me conduce hacia las dianas.
-Bueno...tiene que ver con Nathaniel-
-Lo sé, no soy idiota- murmura mi mentora.
Respiro profundamente antes de responder y jugueteo con la daga entre mis dedos.
-Le vi tontear con la chica del 5, y sentí que me derrumbaba, que él me había traicionado-
Ella se queda en silencio, esperando que prosiga.
-Resultó que solo le estaba sacando información, y ya esta todo arreglado-
Me coloco en posición, dándola a entender que ya no quiero hablar más del tema.
Me dedica una larga y profunda mirada, y me pide que lance algunos cuchillos.
Hago lo que me dice, y algunos dan en el blanco.
-Tu técnica no es mala, pero en la posición fallas de vez en cuando-
Coge varias dagas y algunos cuchillos, y lanza uno detrás de otro, avanzando y retrocediendo, de forma tan rápida que apenas me entero. Pero logro quedarme con su posición y la pongo en práctica.
Ella me corrige y acabo haciéndolo correctamente
Suspiro de alivio al comprobar que las últimas cinco dagas las lanzo a la perfección.
-Bien, creo que tu hora conmigo ha terminado- dice soltando las armas -Ignatus de dará consejos sobre la supervivencia, cómo encontrar agua...todo eso- me mira a los ojos, y se da la vuelta. Cuando está a punto de irse la cojo del brazo con suavidad.
-Eleanor...gracias por todo. Creo que has sido algo más que una mentora. Casi una amiga-
Ella esboza una sonrisa y me da un abrazo cálido y reconfortante.
Correspondo al abrazo, y después me separo lentamente, para quitarme la cadena de mi abuelo que llevo al cuello, y se la tiendo.
-Quédatelo. Significa mucho para mí, y quiero que lo tengas- cierro sus dedos en torno al colgante.
Me observa de nuevo, puedo ver un destello de ternura en sus ojos.
-Gracias, Demi- me sonríe ampliamente.
-Me voy con Nathaniel antes de que Ig se niegue a terminar de hablar-
Se aleja de mi lado con paso seguro, y me siento en el suelo para retomar el aliento. Estoy contenta de lo que he aprendido. Podré salvar a Nathan, podrá volver a casa. En cambio, Cassie me da mucha pena. También quiero protegerla, también quiero que vuelva con su familia.
Aparto esos pensamientos cuando veo a mi mentor sentarse a mi lado.
-Hola, Demetria- me saluda.
-Hola- digo escrutando su rostro.
-No voy a enseñarte nada sobre combate. Sólo supervivencia- se queda mirando un arco durante unos instantes, pero vuelve a la realidad.
-En caso de que encuentres árboles, serán tu salvación. Puedes trepar, conseguir comida, agua, y disparar sin ser vista. La espesura será tu mejor aliada-
-¿Y si no se trata de vegetación?-
-Corre, busca un lugar seguro. Corre y no permitas que las piernas te fallen. Recuerda que los vigilantes hacen lo que quieren, pueden poner lo que sea. No juegues a su juego. Huye, intenta ser más inteligente que ellos, aunque parezca imposible-
Asiento con la cabeza, escuchando con atención.
-El agua es importante, y también donde transportarla. Estaremos muy atentos en cuanto a eso. Haremos cuanto podamos para conseguir patrocinadores, y en caso de riesgo, os mandaremos una...una...-
Empieza a juguetear con sus propios dedos.
-¿Una qué?- pregunto con impaciencia.
-Una espita. Clávala en un árbol, saldrá agua-
-Gracias- consigo decir, mientras clavo los ojos en su mirada que permanece perdida de nuevo.
-Fuego...fuego...fuego...- empieza a repetir la palabra sin cesar, levantándose.
-Sí, Ignatus...fuego...por favor, siéntate- digo algo asustada y le cojo la mano, pero se suelta con impresionante fuerza.
-¡FUEGO!- grita con todas sus fuerzas, empieza a coger armas y a lanzarlas por todos lados, una pasa por mi lado, me obligo a agacharme para que no me descuartice.
-¡Eleanor!- exclamo pidiendo auxilio, los agentes de la paz se acercan para inmovilizarlo, pero mi mentor está como loco, pataleando y gritando "fuego" sin parar.
Eleanor se acerca corriendo.
-¡No le hagáis nada! ¡Será peor!- suplica a los agentes.
El resto de tributos y mentores observan la escena, algunos ríen.
Siento la ira  recorriendo mis venas al ver cómo los distritos 1 y 2 se mofan. Apenas sin darme cuenta me encuentro corriendo hacia ellos para asestarles una paliza, aunque sin ninguna arma.
Unos brazos me sujetan y me elevan del suelo. Es Nathaniel. Y tiene un cuchillo en su cinturón.
 Lo cojo con rapidez y se lo lanzo a Ariadna, que lo esquiva por los pelos.
Empiezo a insultarles, ¿como pueden reírse así de alguien indefenso?
-Sácala de aquí- dice Eleanor con voz autoritaria.
Nathan me agarra mas fuerte y me saca de la sala, con los agentes mirándome.
Los profesionales ya no se ríen.
Mi amigo me mete en el ascensor y pulsa el botón, me aprisiona contra una esquina temiendo que vuelva a escaparme.
Sólo soy capaz de notar cómo las lágrimas salpican mis mejillas.

jueves, 17 de abril de 2014

Capítulo 22

Me quedo paralizada, no me separo. ¿Cuanto tiempo llevo esperando que me besara?
Tiene que ser justo al comienzo de Los Juegos Del Hambre.
Cierro los ojos poco a poco y correspondo al beso con dulzura.
Me gusta, no quiero que se acabe...pero aun así me aparto lentamente, con las mejillas ardiendo.
Poco ha faltado para que sea un beso bañado en lágrimas.
Nathaniel me mira a los ojos, yo sostengo la mirada.
-Me gustas tu, me gustas desde que pusiste un pie en el colegio- susurra mientras me acaricia la mejilla.
-Y siento tener que decírtelo ahora, de verdad- continúa con tristeza.
En silencio, rodeo su cuello con los brazos y hundo el rostro en su pecho.
Nos quedamos así, abrazados contra la pared un buen rato, no sabría decir cuanto.
Al final acabo dormida sobre él, y noto como me sostiene y me lleva hasta la cama.
Me besa la frente y sale del cuarto. Yo esbozo una leve sonrisa antes de dejarme llevar al mundo de los sueños por completo.

Los rayos de sol se filtran cálidos y juguetones por mi ventana, y me acarician el rostro.
Aun es pronto, aunque he dormido de maravilla por primera vez desde que estoy aquí.
Voy hasta el baño y me aseo, me pongo el uniforme y voy hasta el tocador.
Paso un buen rato peinándome, para luego dejarme el cabello caer por la espalda.
Miro mi a mi reflejo a los ojos y sonrío.
En la planta reina el silencio, pero huele a tostadas recién hechas.
Avanzo hasta el comedor y me encuentro a Nathaniel sirviéndose algo de leche con cacao.
Alza la vista, y cuando me ve, su rostro se ensancha en una preciosa sonrisa.
-Buenos días, Dem- dice con voz serena y me guiña un ojo.
-Buenos días- voy hasta él y le doy un beso en la mejilla.
No nos da tiempo a hablar mucho mas, porque nuestros mentores aparecen con su habitual alegría, y también llevan uniforme, pero algo diferente al nuestro.
Ignatus observa las lámparas de araña riendo.
-Son muy bellas- dice señalándolas.
-La verdad es que son preciosas- asiento con la cabeza y sonrío.
Eleanor debe notar que algo pasó a noche, porque a los dos se nos ve rebosantes de energía y de alegría.
Nos sentamos todos y nuestra mentora comienza a hablar.
-Empezaré entrenando con Demetria, e Ignatus con Nathaniel. Luego cambiaremos y al final veremos el nivel al que habéis llegado los dos, ¿entendido?-
Asentimos con la cabeza, aunque mi compañero no está muy contento con el tener que empezar con Ignatus.
Yo evito reírme. Quizás se sorprenda.

miércoles, 16 de abril de 2014

Capítulo 21


La imagen de Ariadna, la profesional del Distrito 1, aparece en la pantalla.
Tiene rasgos que la hacen muy guapa, pero tiene un cuerpo grande y robusto.
Su puntuación es un diez (de doce puntos), y es algo que nadie consigue habitualmente.
Louis, su compañero, tiene un nueve.
Distrito 2, Katrynna obtiene un siete y Kendall un ocho.
En el Distrito 3, la chica tiene un cinco y el chico un cuatro. Pobrecillos.
Distrito 4, no me fijo en la puntuacíón de la muchacha de ojos grises, sólo en Hugo, que tiene un seis.
No me lo creo, le he visto en los entrenamientos, y seguramente seré de las pocas personas que le temerán en la arena. Nadie sospecha de él. Yo sí.
Llegan al Distrito 6, Cassie tiene...¡tiene un nueve! Eso es buena señal, podremos conseguir patrocinadores.
Observo las puntuaciones del 7 y el 8, que no son muy altas.
Luego aparece el sello de nuestro Distrito, mi rostro y después mi nombre.
Un ocho. Soy incapaz de creerlo. Tengo la misma nota que un profesional, y solo un punto menos que Cassie.
Mis mentores, Cyntia y Nathaniel me felicitan alegremente, y guardan silencio sepulcral cuando el rostro de mi compañero aparece en la tele.
Contenemos la respiracíón hasta que su nota aparece.
-Nathaniel Hugson, su puntuación es...¡un nueve! ¡Vaya, este Distrito esta que se sale este año!-Caesar ríe entre dientes y continúa con el Distrito 10.
Todos estallan en felicitaciones y risas, yo apenas esbozo una sonrisa. Me alegro mucho por él, pero sigo muy dolida.
Dejan de hablar cuando nombran al Distrito 12. Un tres y un cuatro. Siento una punzada de compasión.
-Muchas felicidades chicos, estáis entre las mejores notas, y vuestra aliada del 6 también.
Mañana entrenaréis con Ignatus y conmigo, y por la noche serán las entrevistas. Después, comienzan los Juegos- nos dice Eleanor.
-Id a descansar- murmura Ignatus sonriendo.No hace falta que lo repita dos veces, me levanto y salgo de la habitación con rapidez.
Oigo como Nathaniel se despide de nuestros mentores y cierra la puerta de la sala tras de sí cuando estoy cruzando una esquina.
-Demi, espera- me pide acelerando el paso, pero yo sigo con mi camino. Giro el pomo de la puerta y cuando estoy a punto de entrar en mi habitación noto su cálida mano sobre mi muñeca, me gira cuidadosamente y me retiene contra la pared.
-Déjame explicarte...-
-No hay nada que explicar- le corto e intento soltarme, pero él me lo impide.
-Sí, Demetria. Estaba averiguando la táctita de la chica del 5-
-¿Para eso tenías que juntarte tanto a ella?- digo con las mejillas ardiendo, a punto de echarme a llorar.
-Técnica de persuasión- dice mirándome fijamente.
-Ya...- digo bajando la cabeza para que no pueda verme, sintiéndome estúpida.
Entonces me alza la barbilla y se acerca a mí, para luego besarme cálidamente.

martes, 15 de abril de 2014

Capítulo 20


Metal. Es lo único que he estado mirando las últimas horas. El pomo de metal de mi puerta.
Siento un nudo en el estómago. Me siento traicionada por prácticamente la única persona en la que confío.
Nathaniel se dio por vencido hace una rato y se retiró a su dormitorio.
Llevo tumbada en la cama mucho tiempo, y hace quizás una media hora dejé de llorar.
Llaman a mi puerta, no respondo, no hablo.
-Demi...por favor,abre- es la tranquila voz de Eleanor quien me llama.
Tras un tenso silencio, susurro:
-No estoy de humor-
Mi mentora suelta una risita.
-En los Juegos nadie lo está...bueno, no me abras...pero si en algún momento quieres hablar...estoy aquí para lo que necesites-
-Gracias- es lo único que consigo decir.
-En media hora la cena estará lista- me avisa, y oigo sus pisadas alejarse lentamente.
Avanzo a rastras hasta el cuarto de baño y me preparo una ducha caliente, con todo tipo de aceites aromáticos y geles limpiadores.
Cuando salgo, me emboto en unos pantalones de franela negros y una chaqueta fina.
Recojo mi pelo en una coleta y salgo del dormitorio.
Todos están hablando sobre la prueba de Nathaniel, pero se forma un silencio sepulcral cuando irrumpo en el comedor.
-Demi, querida...siéntate con nosotros- me saluda alegremente Ignatus.
No miro a nadie, me siento al lado de Ignatus y me sirvo algo de sopa caliente.
Siento la mirada de Nathaniel sobre mi, y aprieto los puños.
Cuando me preguntan por mi prueba, respondo un simple "bien" , y a la hora de los postres los avox nos los llevan al salón para que podamos ver las puntuaciones.
Se enciende la televisión. Himno y sello del Capitolio. Caesar Flieckerman con su habitual sonrisa deslumbrante. Comienza el programa. Distrito 1.

martes, 8 de abril de 2014

Capítulo 19

Salgo de la prueba con los nudillos blancos por la tensión, y cuando me dirijo hacia el ascensor para volver a mi planta, encuentro entre dos columnas a una chica del Distrito 5 y a otro muchacho.
Ella ríe dulcemente y le pone ojitos al chico. 
Él la rodea los hombros con el brazo.
Sigo caminando haciendo una mueca, y cuando paso por su lado puedo ver el rostro del chico. Es Nathaniel. 
Siento como si me hubieran dado una patada en el estómago, los ojos me arden y las lágrimas luchan por salir.
Me ve y se separa rápidamente de la chica.
Corro hacia el ascensor y le pego un puñetazo al botón que tiene dibujado el número 9. 
Las puertas se cierran y dejan a Nathan fuera.
-¡Demi! !Espera!- 
Me apoyo en la barandilla para no caerme, con las mejillas empapadas.
En realidad no tengo razones para enfadarme, no somos nada.
Por suerte, Cyntia y mis mentores están en el comedor, y no hay nadie en el pasillo.
Entro en mi dormitorio y cierro de un portazo.
Mi cuerpo se resbala por las paredes, acabo acurrucada en el suelo, sollozando.
-¡Demetria!- Nathaniel aporrea la puerta sin parar. Entierro el rostro entre las rodillas.
Todos estos años he visto cómo flirteaba, como coqueteaba con las otras chicas. 
No se porqué me afecta tanto. Pero me llena de dolor y rabia. 
Activo el pestillo y me dejo caer en la cama, ignorando su voz, sus suplicas, todo. 

domingo, 6 de abril de 2014

Capítulo 18

- Demetria Gillersone, acuda a evaluación personal- 
La voz mecánica y plástica pronuncia mi nombre, yo me pongo en pie, presa de los nervios. 
Ya han llamado a Nathan, y también me muero de ganas por saber cómo le ha ido.
Cruzo la puerta clavando las uñas en la palma de la mano, y me encuentro en una sala llena de armas, con arenas de combate y algunos muñecos de tiro.
Los vigilantes me miran con total seriedad.
- Tiene diez minutos para presentar la habilidad elegida- dice el vigilante jefe con indiferencia, y se sirve algo de vino el un vaso de cristal.
Suspiro profundamente y camino hasta las armas.
Me hago con una daga afilada y de tamaño mediano y corro hasta un muñeco. 
Lo observo un segundo y sin pensarlo empiezo a lanzarle tajos a diestro y siniestro, desgarrándolo hasta dejarlo sin cabeza. 
Agarro la daga con fuerza y me dirijo hacia una cámara con muñecos virtuales y selecciono el nivel de máxima dificultad, temblorosa.
Las puertas se cierran tras de mi y todo se oscurece un segundo. 
Luego aparece un hombre de color rojizo, corre hacia donde estoy con una espada virtual, como él.
Me lanzo contra su pierna y la acuchillo, para luego rematarle en el estómago.
El muñeco explota y enseguida vienen otros dos, esquivo los cuchillos que me lanzan y les doy en el hombro y la espalda.
Enseguida se acerca otro con un arco, y le lanzo la daga para acertarle en el brazo con el que maneja. 
Este también se reduce a pedazos y mi arma cae al suelo a unos metros de mi.
Aparece otro muñeco con una lanza, me tiro al suelo y ruedo como puedo, evitando una estocada, alcanzando la daga de nuevo y clavándola en su corazón.
Me coloco en guardia, pero la simulación termina.
- Su tiempo se ha agotado-
Respiro con dificultad, me tomo unos segundos para recuperar el aliento, y camino a pasos largos dedicando una mirada rápida a los vigilantes. 
Ellos me observan en completo silencio.