viernes, 28 de febrero de 2014

Capítulo 9


La chica del espejo no soy yo. Es tan blanca como la nieve, no tiene pecas, y los ojos están deslumbrantes y pintados con delicadeza.
Los cabellos son rojos y brillan enigmáticamente; están recogidos con elegancia de una forma preciosa,caen por la espalda y están decorados con flores y plantas doradas como el trigo.
La piel es completamente suave, y desprende olor a lilas y claveles.
Sí, parece que soy yo, pero muy mejorada.
Esbozo una sonrisa, pero esta se borra cuando Carlynn, la mujer con el pelo rosa tira del hilillo que sujeta la bata contra mi cuerpo y me deja completamente desnuda.
Estoy a punto de soltarle una grosería cuando por la puerta aparece un tipo con los ojos azul cobalto y un traje amarillo, con el pelo cobrizo. Me observa una milésima de segundo y luego dice:
-Cubridla, es suficiente- las maquilladoras lo hacen y se retiran del cuarto, soltando risitas.
-Siéntate- dice el hombre señalando un sillón. Le hago caso y tomo asiento, él me sigue.
-Soy Niglan, tu estilista- me observa el rostro con atención y me dedica una sonrisa torcida.
-Han sabido sacarle partido a tu belleza,y ,como comprobarás, estás guapísima...Le encantarás al público...aunque sólo si se fijan en vuestra carroza, lo que es poco probable debido a que estás entre los distritos de la periferia, los más empobrecidos-
Las palabras me sientan como una bofetada, y le suelto una mirada de desprecio, que él se toma a risa.
-Mi compañera y yo hemos echo lo que hemos podido- susurra incorporándose y sacando su obra de arte. Es un simple traje de granjero.
Me visto delante suyo, me coloco las botas y los tejanos, luego me abotono la camisa de cuadros y dejo caer uno de los tirantes del mono que va por encima.
Niglan me coloca un brazalete dorado que se enrosca en mi brazo y me retoca los ojos. Parece que quiere que resalten.
-Cuando la carroza se ponga en marcha, el brazalete comenzará a soltar destellos...Es un pequeño detalle que he añadido-
-Gracias- es lo único que se me ocurre decir.

Capítulo 8


Salgo de mi dormitorio con la voz de Eleanor rondando en mi cabeza, con la conversación que tuvimos  totalmente grabada.
Después de eso, Cyntia aprovechó y me dijo que me pusiera bien guapa, en breve llegaremos al Capitolio.
Me reúno con Nathan y le sonrío, mientras esperamos a nuestros mentores.
Aparecen a los pocos minutos, Ignatus tiene las manos entrelazadas y sonríe diciéndose cosas a sí mismo, cuando nos ve agita las manos alegremente y se sienta enfrente nuestro, le sigue Eleanor.
-Cuando bajéis de este tren encontraréis algo que...por así decirlo, os dejará asombrados y confusos.
Os llevarán junto a vuestros estilistas y os pondrán bien guapos para el desfile de los tributos y el discurso del presidente Snow. El resto de indicaciones más tarde- dice al ver que el tren comienza a frenar.
-Nos vemos luego, chicos- es lo único que dice Ignatus, y sonríe como un niño pequeño.
Nathan y yo sonreímos forzadamente, y cuando Cyntia aparece, la seguimos para salir de nuestro transporte.
Me armo de valor y cojo el brazo de Nathaniel, mirándole.
-Estoy un poco...aterrorizada- murmuro de forma que sólo él escucha.
-El sentimiento es mutuo- me sonríe ampliamente, por primera vez, y salimos al exterior.
Le suelto el brazo, intentando no sonrojarme, y miro el Capitolio con los ojos como platos.
Es lujoso, moderno y agobiante. Sigo a los agentes de la paz hasta un gran edificio, donde me separan de Nathan y me encierran en un ascensor que sube varias plantas, cuando se abre veo a tres personas multicolores y con un perfume que me produce nauseas, que me cogen las manos y me acarician el pelo con exageracíon.
-¡Es pelirroja! ¡Que muchachita tan mona!- exclama una mujer con bucles y el pelo rosa, con los brazos pintados de dorado.
-¡Y tiene la piel blanquísima!- exclama otra que parece un marciano mientras me soba los brazos y la clavícula.
Me conducen hasta una sala con una camilla y mil productos, y prácticamente me arrancan la ropa como buitres.
Empiezan a echarme cremas y fragancias por todas partes, me estiran las facciones de la cara y veo como cogen varias tiras de cera para depilarme.
Suelto pequeños quejidos cada vez que arrancan las tiras, y respondo a las preguntas que me hacen con toda la amabilidad posible, sonriendo como puedo.
Comienzan a peinarme y a pintarme los labios, a llenar mi rostro de...no sé exactamente de qué, luego me levantan y me ponen frente a un espejo. No puedo ser yo.

Capítulo 7


Abro el grifo plateado, bostezando con desgana, e inundo mi rostro con agua fría.
No he asimilado nada. Bueno,una cosa sí. Dentro de poco moriré para entretenimiento del Capitolio, y lo mas probable es que Nathan tampoco sobreviva.
Vuelvo al dormitorio y me dejo caer en la cama, no quiero salir en todo el día, no quiero salir hasta que lleguemos a nuestro destino.
Pido que me traigan el desayuno al cuarto y no dejo entrar a Cyntia, por muy llorona e indignada que se pone, aporreando la puerta y diciendo mi nombre como si fuera un disco rayado.
Se cansa con facilidad y se aleja cotoneándose hacia un sitio que me importa muy poco saber.
Encuentro mi ropa del día de ayer tirada en el suelo con una cadena dorada al lado.
Me acerco hasta ella y descubro con sorpresa que es el medallón de bronce que llevo conmigo todas las Cosechas...se me había olvidado que lo llevaba. Lo estrecho entre mis dedos observando su forma, sonriendo levemente.
Tiene forma de dos C entrelazadas y ondeantes. Es muy sencillo, y me encanta.
Me lo regaló mi madre cuando tenía cinco años, el día en que mi abuelo se fue al cielo.
Aún sigo diciéndome que los ángeles le cuidan y que está mejor que en vida.
Me engancho la cadena alrededor del cuello justo cuando llaman a la puerta.
-Cyntia, te he dicho que te vayas- bufo exasperada.
-No soy Cyntia - dice una voz tranquila y femenina.
Me arrastro hasta la puerta y giro el pomo, dejando pasar a mi mentora.
-Eleanor...Hola- digo volviendo a sentarme sobre la cama, ella me imita.
-Sé que esto es muy duro para ti- murmura con amabilidad y me mira a los ojos.
-¿Y para quién no?- pregunto con sarcasmo.
Ella se coloca un mechón de pelo tras la oreja y me sonríe.
-Pero para tí es más complicado...porque te gusta tu compañero en este "juego" de vida o muerte-
Me quedo paralizada un momento, y suspiro antes de recuperar el habla.
-¿Tanto se nota?-
-Puedo verlo en tus ojos...son como un libro abierto...Puedo ver que estás aterrorizada, temes por no volver a ver a los tuyos, por la probable muerte de Nathaniel...e incluso por los tributos que ni conoces, pero que sabes que veintitrés de ellos caerán por divertir a nuestros mayores-
Parpadeo varias veces, tiene toda la razón del mundo. Siento cómo las lágrimas luchan por soltarse.
-¿Qué puedo hacer? Llegados a este punto sólo quiero salvar a Nathan- digo con un hilo de voz.
- Nadie debe saber que estás enamorada, ni siquiera él. Únicamente tu y yo-
-Pero quiero decirle lo que siento antes de morir...-
-Pues...hazlo,si es lo que deseas...pero sé cauta, y carga con las consecuencias-
-¿Consecuencias?-

Capítulo 6


-Sé que no te gusta esto, pero si quieres volver con vida, debes hacer lo que te digo- contesta Eleanor mientras se pasa las manos por su cabello rubio, aparentemente tranquila.
Claro que quiero volver con vida, quiero volver a mi Distrito, con mi familia.
Pero quiero que Nathan vuelva a casa, sano y salvo.
Le miro a los ojos, interrogante.
-Tenéis que sacar vuestra parte más adorable, simpática y dulce, aunque también debéis mostraros seguros y...- suelta Ignatus de repente, y deja lo último en el aire, para volver a centrarse en el mantel y asentir con la cabeza frenéticamente mientras se ríe con nerviosismo.
Observo lo que hace, le observamos todos. Cyntia hace una mueca y trata de distraerse sacando un espejito de alguna parte y se retoca los pómulos. Eleanor le roza el brazo y le sonríe con dulzura
-Ig,creo que ya es muy tarde...no querrás que Pervinca se enfade y vea que estas levantado aun...-
Él rueda los ojos y sonríe, con los ojos brillantes.
-Tienes razón...no,no puedo defraudar a Vinca- acto seguido se levanta y sale del comedor atolondradamente, mientras nuestra mentora le hace una seña a una avox para que le siga.
-Tiene trastornos mentales...salió elegido como tributo junto a su hermana Pervinca, y él la vio morir de la forma más cruel. Ganar los Juegos le traumatizó...Ahora tiene esquizofrenia, se imagina que ella sigue viva- añade con pena.
Sí, de pequeña oí hablar de los dos hermanos que salieron elegidos, y que nadie quiso ayudarles.
-Creo que es suficiente por hoy, podéis marcharos a descansar...Hay muchas cosas que asimilar- nos sonríe con amabilidad, y los dos nos levantamos y salimos de la estancia.
Caminamos por el pasillo en silencio, hasta que Nathan se atreve a hablar.
-No estoy preparado para esto...No estoy preparado para matar y luego morir-
Se me encoge el corazón, escruto su rostro en la oscuridad.
-Uno nunca lo está...pero es lo que nos ha tocado, no podemos hacer nada-
-Oye...que sepas que no está en mis planes matarte- murmura esbozando una sonrisa.
Me la contagia, incluso estoy a punto de reírme.
-Tampoco está en los míos matarte a ti-
Los dos nos examinamos con atención un momento.
-Buenas noches, Demi-
Sabe mi nombre. Me ha llamado Demi.
-Duerme bien, Nathan- le rozo el brazo involuntariamente al pasar por su lado y entro en mi dormitorio,con las mejillas encendidas.


Esta noche no duermo mucho, tengo pesadillas con Ignatus, el Capitolio, mi familia, y Nathaniel.
Mi almohada aguanta las lágrimas que derramo sin rechistar.

jueves, 27 de febrero de 2014

Capítulo 5



Alguien toca la puerta con los nudillos.
- ¡Deeeeeemiiiiii!- exclama una voz chillona desde fuera.
¿Desde cuándo me llaman Demi? ¿Desde cuándo Cyntia tiene derecho a aporrear mi puerta?
Ah,sí. Desde que estoy en  Los Juegos.
Me levanto refunfuñando y abro. Ella me sonríe asquerosamente y se dispone a hablar.
-¡Venga,no querrás llegar tarde!-
Estoy a punto de soltarle un "cállate" en toda regla, pero me contengo. Ló único que hago es seguirla por los pasillos hasta llegar al comedor, donde están sentados Nathan (desde pequeña le llamo así) , una mujer de ojos sabios y hundidos, y un hombre que juguetea con un tenedor y mira fijamente el mantel susurrando cosas que soy incapaz de entender.
- Estos son Eleanor e Ignatus, vuestros mentores desde este momento- dice ella soltando una risita que me pone muy nerviosa ,y con un gesto me ofrece asiento.
Voy hacia Eleanor y me planto a su lado, evitando mirarla.
-Como bien ha dicho Cyntia, somos vuestros mentores este año, y tanto Ignatus como yo os daremos los mejores consejos que sepamos-
Escucho con atención, y desvío los ojos a Ignatus, que parece volver al mundo.
Se le ha ido la cabeza, está claro. Parece que Los Juegos le afectaron bastante.
- Sois veinticuatro, sólo uno sale con vida - añade Eleanor, en tono serio
- Veinticuatro...sólo uno...- susurra nuestro mentor.
Ella le ignora, mientras permite que los avox nos sirvan la cena y prosigue con su discurso
- Debeís pensar bien la estrategia para La Arena, pero ahora centrémonos en lo primero.
La publicidad, lo que os ofrece más oportunidades de vivir. El desfile, las entrevistas.
Debéis causar muy buena impresión, sacar vuestra mejor sonrisa, ser cordiales y cercanos.
Sólo así conquistareis al público-
Observo a Nathan esta vez, también parece estar muy atento.
Yo decido empezar con la cena, pues las tripas me rugen.
Cuando dejo que el estofado inunde mi boca abro mucho los ojos.
Es lo mejor que he probado en mi vida.
El Capitolio sí que tiene lujos.
Desconecto un minuto para saborear los exquisitos manjares antes de volver a la conversación.
-¿Cómo lo conseguiremos? Después de esta pesadilla que nos ha tocado es imposible ser amables- digo con un deje de desprecio y miro de reojo a Cyntia. No me cae muy bien.

Capítulo 4


Abrazo a Melissa con fuerza y estrecho la mano de Edward,dejando que las lágrimas empapen mis mejillas un momento,para luego secarlas. Debo ser fuerte.
- Eh,tranquilos...todo saldrá bien - intento sonreír.
Me gustaría pensar eso, pero no es la verdad.
Me acerco a mis progenitores y les abrazo también, evitando fijarme en el ojo amoratado de mi padre.
Veo a toda mi familia llorando,aterrorizada y profundamente apenada.
- Trataré de volver - digo reuniendo todo el valor necesario para que no me tiemble la voz.
- Vuelve a casa - me susurra Edward antes de abrazarme de nuevo.
Pasamos un rato así, todos se turnan para darme besos o acariciarme el pelo. Hasta que llega de nuevo el agente y les echa.
Se me parte el corazón al observarles,al escuchar como mi hermana forcejea para reunirse conmigo, sollozando
- Volveré - las palabras salen de mis labios sin permiso, antes de que la puerta se cierre ante mis narices.

Camino hacia el tren de ida al Capitolio con Nathaniel al lado,que tiene los ojos hinchados y procura andar con seguridad. Debo decirle algo, consolarle.
-Seguro que regresas, y volverás a ver a tu familia - murmuro cálidamente antes de poner un pie en las escaleras metálicas.
Él me echa una mirada profunda, llena de significado, y asiente con la cabeza.

No me apetece ver a Cyntia, tampoco a mis mentores, así que voy de compartimento en compartimento buscando mi dormitorio, hasta que lo encuentro. Sé que es el mío porque sobre la cama hay una nota que dice : "Señorita Demetria, la cena empieza a las ocho, charlará y conocerá a sus mentores y hablaremos sobre su estancia en el lujoso y magnífico Capitolio. Le recomiendo cambiar su atiendo
-Cyntia Duffys "

Suelto un bufido y voy a lavarme la cara, luego abro el gran armario que hay a mi disposición y lo escruto con la mirada,con horror. Hay todo tipo de prendas feísimas, con colores chillones y estampados vomitivos.
Después de mucho buscar, encuentro uno grisáceo, elegante y (por alguna extraña razón) sencillo.
Me dejo el pelo suelto y me dedico a pasar el tiempo que queda para cenar mirando al techo, pensando en todo lo que he perdido.

martes, 25 de febrero de 2014

Capítulo 3



Veo cómo un chico de estatura normal,con pelo revuelto y ojos almendrados sale entre la multitud y avanza en tensión hacia donde estamos nosotras.
Rezo para que alguien salga voluntario, pero no sirve de mucho. Pasa por mi lado y se coloca a la izquierda de nuestra representante.
No puedo creerlo. Estoy colada por él desde...no sé exactamente desde hace cuanto,pero el caso es que   ahora está destinado a morir.
-¡Perfecto! Ya tenemos a nuestros tributos para este año - nos mira a los dos y nos coge las manos para luego alzarlas.
- ¡Felices Juegos Del Hambre,y que la suerte esté siempre,siempre de vuestra parte! - exclama como una niña pequeña,y espera a que el público aplauda.
Todo el mundo nos mira con tristeza y apenas lo hacen, susurran palabras que no puedo oír y entrecierran los ojos.
Nathaniel y yo somos conducidos al Edificio De La Justicia, donde podremos ver a nuestras familias por última vez.
Las paredes y el suelo son de mármol, gélido, cortante y pálido.
Los agentes me conducen a una sala con un escritorio y varios sillones aterciopelados, y las paredes están decoradas con algunos cuadros.
Contengo las ganas de llorar, hasta que pasados cinco minutos veo aparecer a mis hermanos tras la puerta.
Entonces ya no puedo retenerlas más.

lunes, 24 de febrero de 2014

Capítulo 2


Llegamos a la plaza,que está llena de gente, y controlada por varios agentes de la paz.
Aquí se separan nuestros caminos.
Doy un beso en la mejilla a toda mi familia y me separo de ellos, procurando contener las lágrimas.
Camino temblorosa a que me pinchen el dedo índice con una aguja y voy hasta donde están todas las chicas de mi edad. No saludo a nadie,no tengo a nadie a quien saludar.
Mi mejor amiga, Phoebe, falleció en los últimos Juegos, y llevo un año sin relacionarme con nadie en el colegio.
La imagen de ella muerta,inerte,luchando por sobrevivir me viene a la cabeza cada noche.
No fue culpable de ninguna muerte,ella solo pretendía salir con vida de la Cornucopia.
Aparto esos pensamientos de la cabeza al ver que reina el silencio y veo a Cyntia, la representante del Distrito 9 en el Capitolio, aparecer en el escenario y colocarse frente al micrófono y las urnas de cristal con los nombres de prácticamente todos los niños del Distrito.
Va vestida de azul eléctrico y plateado, con la piel teñida de un extraño color moteado y el pelo por la cintura y de color violeta. La mitad de su cráneo permanece sin un solo pelo y está decorado con pinturas de mariposas batiendo las alas.
Me dan arcadas sólo de verla,y siento que se me suben a la garganta cuando su voz plástica y chirriante inunda el ambiente.
Nos saluda con una sonrisa de oreja a oreja más falsa que su tinte, y comienza a dar el discurso de todos los años. Sobre la rebelión de los distritos, los Días Oscuros y lo que el Capitolio había echo al respecto: Los Juegos Del Hambre.
- ¡Sin más dilación,escojamos a dos los tributos de los sexagésimo novenos Juegos Del Hambre! - exclama con voz chillona.
-Como es habitual,las damas primero- suelta una risita, mete sus frágiles dedos en una de las urnas y juguetea con los papelitos hasta agarrar uno. Lo abre cuidadosamente y vuelve a sonreír antes de anunciar el nombre.
- ¡Demetria Gillersone! -
Me quedo completamente paralizada. Es mi nombre. He salido elegida.
Siento cómo mis piernas toman el control sin permiso y caminan hacia el escenario,temblando con violencia.
Puedo oír los sollozos de mis hermanos y cómo mi padre suelta una grito e intenta correr hacia mí.
Los agentes lo inmovilizan en medio segundo y le amenazan con electrocutarle.
Subo las escaleras dejando que una lágrima resbale por mi mejilla y me coloco a la derecha de Cyntia,con la mirada fija en algún punto en el aire.
-Muy bien,ahora,el tributo masculino- canturrea ella y vuelve a repetir el proceso con los papelitos.
- ¡Nathaniel Hugson! - exclama con los ojos brillantes.
Siento como el alma se me cae a los pies y la respiración se me entrecorta.
Por favor,él no...

Capítulo 1




Sujeto el rastrillo de madera, tensando los brazos. Lo hundo en la tierra mientras me seco el sudor de    la frente y arrastro las semillas, y me agacho una y otra vez para que en un tiempo puedan germinar.
Pasan las dos horas de mi turno,que me parecen meses,y los agentes de la paz me permiten marcharme a casa.
Me echo el pelo rojo hacia atrás y me coloco de nuevo el sombrero de paja mientras camino por las estropeadas y oscuras calles,con nerviosismo.
Hoy es el día. Hoy se celebra el día de La Cosecha, donde dos niños indefensos partirán a un viaje del que probablemente no vuelvan.
Mi nombre ya ha entrado dos veces en las urnas,y por suerte no he salido seleccionada como tributo femenino en los últimos años.
Corro hacia mi pequeño y humilde hogar para poder ducharme y vestirme antes de ir hacia la plaza,pues hay que estar presentables ya que un equipo televisivo del Capitolio vendrá a grabar todo.
Entro en la cocina y apenas pruebo una tostada,saludo a mis padres,que corren de aquí para allá preparando vestimentas para mis hermanos pequeños.
Sus nombres aún no entran en las urnas,ya que solo tienen ocho y nueve años.
Ese pensamiento me hace suspirar de alivio mientras entro en el cuarto de baño,me despojo de la ropa que uso los lunes de madrugada para mi turno en los campos de trigo,y entro en la ducha negruzca y oxidada. Por suerte,hoy el agua está templada y queda algo de champú para aplicarme en el pelo y el cuerpo.
Me apresuro en terminar de ducharme y voy a mi dormitorio,donde me espera mi vestido azul marino con un lazo del color del pergamino,el que llevo a los festejos importantes.
Recojo mis cabellos pelirrojos en una diadema y bajo las escaleras de tres en tres hasta llegar a la entrada, donde toda mi familia me espera,mirándome con pena,como todas las familias del Distrito 9 miran a sus hijos desde que cumplen los doce años.
Salimos de casa con lentitud,mientras mis padres me acarician el pelo y mis hermanos, Melissa y Edward me cogen la mano. Temen por mí, y eso me hace ponerme más nerviosa de lo que ya estoy.
Sí, tengo mucho miedo. Odio las Cosechas y odio al Capitolio.


domingo, 23 de febrero de 2014

Presentaciones






¡Hola a todos!
 
Como podéis ver por el título,este blog estará dedicado a los sexagésimo novenos Juegos Del Hambre.
Tenía creada otra cuenta sobre esto, pero soy tan distraída que perdí el nombre y la contraseña...Así que aquí vuelvo, para modificar algunas cositas y terminar la historia de Demi y (ahora con nuevo nombre) Nathaniel.


Espero que disfrutéis la historia que una pequeña fan tiene preparada para vosotros.
Un cordial saludo:
Osada en Panem.