Niglan me guía por los pasillos y me lleva hasta un ascensor que desciende varios pisos y, cuando las puertas se abren soy capaz de ver a todos los tributos por primera vez.
Todos van vestidos de forma espectacular, aunque también ridícula.
Avanzamos hasta llegar al carro del Distrito 9 ,donde esperan Nathan y otra mujer con el pelo dorado y ojos verdes.
-Destiny, ¿le has explicado al chico como tiene que hacerlo?-
- No, quería esperar a que llegaras- responde la mujer con una sonrisa.
No escucho la conversación que están teniendo, ya que sólo hablan de cómo nos queda la ropa.
Miro a mi compañero, está realmente guapo. Sus ojos almendrados brillan tanto como los míos y tiene el cabello castaño peinado de una forma desenfrenada que le queda muy bien.
Él también me mira, y yo le sonrío, está muy sorprendido por verme así.
-Estás guapa- comenta y me guiña un ojo.
No me da tiempo a responder, porque Niglan nos corta.
-Bien, como podéis ver, el carro está decorado como si fuera un campo de trigo-
Los dos asentimos con la cabeza, y esperamos a que continúe.
-Pues no está así para que os quedéis contemplando la grandeza del estadio como palos- añade mientras nos entrega una hoz dorada para cada uno. Es pesada, y el tacto es frío.
-Cuando los caballos comiencen a caminar, vosotros entraréis trabajando la tierra, como si no os enterarais de que el resto del mundo existe. A mitad del camino alzaréis la vista, y sacareis vuestra mejor sonrisa. Saludad como locos, y luego coged el trigo y lanzadlo al público- termina Destiny.
-El brazalete de Demetria brillará durante todo el camino, para que la gente sepa que estáis allí, que no os ignoren- dice Niglan mientras le coloca un sombrero de paja a Nathaniel.
-Debemos irnos ya, haced lo que os decimos y les encantaréis- nos murmura la estilista y vuelve a sonreír, luego se aleja despacito observando a los demás carros.
-Una última cosa...No existís el uno para el otro, sólo las hoces, el trigo y el público- nos suelta Niglan, y acto seguido se va.
Nos quedamos en silencio un momento y luego sonreímos.
-Vamos a dejar con la boca abierta a esos idiotas que se divierten al vernos morir- dice él en tono seguro, y me ayuda a subir al carro.
Sonrío ampliamente y asiento con la cabeza, los dos nos encorvamos y colocamos las hoces.
-Suerte- le susurro cuando veo como los primeros caballos emprenden su camino.
Avanzamos lentamente, y cuando vemos a las primeras personas empezamos a interpretar nuestro papel de arar y trabajar mientras escuchamos la voz de Caesar Flickerman presentando a los distritos.
-¡Distrito 1, tan deslumbrantes y optimistas como siempre! ¡Distrito 2, fuertes, osados, inminentes! ¡Distrito 3, son tan...! ¡Un momento! ? ¿Y ese carro de los del final? ¡Distrito 9, se creen que siguen en sus campos de trabajo!-
Al oír el comentario alzo la vista, y sonrío como nunca he sonreído.
Alzo los brazos y comienzo a saludar como una posesa, al igual que Nathan.
La gente aplaude como loca, entonces sé que ha llegado el momento. Dejo un momento en el aire el brazo en el que llevo la joya de oro, luego me agacho y recojo los granos y los tallos con las hojas de trigo, para lanzarlas con elegancia hacia nuestro público.
Ellos rugen y gritan, ríen y dan algunos saltitos.
El Distrito 1 y el 9 estamos triunfando.
Lanzo besos al aire, ignorando monumentalmente a mi compañero, y sigo saludando hasta que rodeamos la plaza para reunirnos y escuchar al presidente Snow.
Clavo la mirada en él y bajo los dos brazos, quedándome completamente tiesa.
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