He aprendido a usar las dagas, y no se me da mal, pero no creo que sea suficiente para sorprenderles.
Nathaniel se las arregla muy bien con las hoces, y Cassie con las lanzas es muy diestra. Demasiado diestra.
Doy un profundo suspiro mientras me pongo el uniforme y bajo a desayunar.
Eleanor nos da varios consejos, pero no los escucho, pues mi mente trabaja a toda velocidad.
Tengo que aparecer con paso seguro, provocar estruendo, que me tengan muy en cuenta.
-Demi, ¿estas escuchando?-
Salgo de mi ensimismamiento y asiento con la cabeza mientras termino la leche caliente que me esperaba en la taza.
Nathan y yo nos encaminamos hacia la sala de entrenamiento, le miro a los ojos y él me corresponde a la mirada.
-Suerte, y que los nervios no te la jueguen- me susurra mientras sonríe.
-Lo mismo digo-
Y antes de cruzar la puerta me acerco a su mejilla y le doy un beso.
El parece algo sorprendido, pero sonríe de nuevo y me coloca un mechón de pelo tras la oreja.
Oímos pasos, así que nos separamos y caminamos hasta nuestros asientos.
El resto de tributos hablan y ríen, los profesionales observan a todo el mundo con suficiencia.
Busco la mirada de Cassie, y cuando la encuentro ella pronuncia sin hablar un "Buena suerte"
Asiento con la cabeza, y cuando comienzan a nombrar tributos empiezo a dejar que los nervios acudan a mí.
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