sábado, 1 de marzo de 2014

Capítulo 11


 Snow pasea su gélida mirada por todos los tributos de este año, y luego hace una mueca parecida a una sonrisa.
Comienza a hablar pausadamente, con voz tranquila.
Repite casi lo mismo que se dijo en la Cosecha. Desconecto para observar disimuladamente a los tributos, al público y luego a escrutar el rostro del presidente.
-...Y se decretó que cada año, los doce distritos de Panem entregarían a una chica y un chico entre doce y dieciocho años para ser entrenados en el arte de la supervivencia, y estar preparados para luchar a muerte- los presentes aplauden como si su vida dependiera de ello, pero Snow hace un gesto y todos enmudecen.
-Bien tributos..sólo me  queda decir que...¡ Se dan por comenzados los sexagésimo novenos Juegos Del Hambre; que la suerte esté siempre de vuestra parte! -
Gritan, aplauden y vitorean, nosotros sonreímos mientras los caballos emprenden de nuevo su camino y nos alejan de la multitud hambrienta.
Varios agentes de la paz nos hacen bajar de los carros y nos conducen a un gran edificio.

Allí nos encontramos a Eleanor e Ignatus, suelto un suspiro de alivio al verlos.
Nathan y yo nos apresuramos a reunirnos con ellos, mientras esperamos al ascensor que nos llevará a nuestra planta correspondiente, la nueve.
-Habéis estado perfectos, emocionantes- nos comenta nuestra mentora con una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Magníficos, preciosos, espectaculares!- exclama Cyntia tras de ella.
-Gracias...- me obligo a sonreír de nuevo mientras pasamos al ascensor.
-Mañana comienzan los entrenamientos, tenedlo presente. Descansad, y mañana en el desayuno hablaremos sobre la estrategia- suelta Ignatus entonces, y vuelve a concentrarse en el suelo.
-Yo no lo habría dicho mejor- murmura Eleanor, divertida.
-Buenas noches, chicos, me ha encantado lo bien que lo habéis echo- se despide, y Cyntia nos da palmaditas para que salgamos del ascensor.
Nathaniel y yo nos despedimos con la mano hasta que las puertas se cierran.
Luego él va hasta una pared y se apoya en ella mientras se quita el sombrero.
Dudo un momento, pero voy hasta su lado y me siento en el suelo.
-Hemos sido los mejores, piensa eso...te alegrará- se deja caer a mi lado, yo le miro.
-Lo que me alegra es que tengo a alguien aquí que está en mi misma situación- le golpeo el brazo con suavidad y sonrío.
Él me observa y corresponde con una sonrisa cansada.
-A mí me alegra tener una amiga aquí-
Siento como el rubor acude a mis mejillas, pero le contesto.
-Aún recuerdo cuando jugábamos de niños a la pelota, y,cuando ya más mayores me pedías los apuntes de historia- digo riendo.
-Me gustaría volver atrás, a esos días- bufa y me pone un brazo alrededor de los hombros amigablemente, yo me recuesto sobre su hombro y cierro los ojos.
-Ojalá..- susurro.
Nos quedamos un rato así, en silencio, hasta que me levanto sacando fuerzas de no sé donde.
Le ayudo a ponerse en pie.
-Nos vemos mañana- le saco la lengua y entro a mi dormitorio con una sonrisa que poco a poco va desapareciendo.

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