La voz mecánica y plástica pronuncia mi nombre, yo me pongo en pie, presa de los nervios.
Ya han llamado a Nathan, y también me muero de ganas por saber cómo le ha ido.
Cruzo la puerta clavando las uñas en la palma de la mano, y me encuentro en una sala llena de armas, con arenas de combate y algunos muñecos de tiro.
Los vigilantes me miran con total seriedad.
- Tiene diez minutos para presentar la habilidad elegida- dice el vigilante jefe con indiferencia, y se sirve algo de vino el un vaso de cristal.
Suspiro profundamente y camino hasta las armas.
Me hago con una daga afilada y de tamaño mediano y corro hasta un muñeco.
Lo observo un segundo y sin pensarlo empiezo a lanzarle tajos a diestro y siniestro, desgarrándolo hasta dejarlo sin cabeza.
Agarro la daga con fuerza y me dirijo hacia una cámara con muñecos virtuales y selecciono el nivel de máxima dificultad, temblorosa.
Las puertas se cierran tras de mi y todo se oscurece un segundo.
Luego aparece un hombre de color rojizo, corre hacia donde estoy con una espada virtual, como él.
Me lanzo contra su pierna y la acuchillo, para luego rematarle en el estómago.
El muñeco explota y enseguida vienen otros dos, esquivo los cuchillos que me lanzan y les doy en el hombro y la espalda.
Enseguida se acerca otro con un arco, y le lanzo la daga para acertarle en el brazo con el que maneja.
Este también se reduce a pedazos y mi arma cae al suelo a unos metros de mi.
Aparece otro muñeco con una lanza, me tiro al suelo y ruedo como puedo, evitando una estocada, alcanzando la daga de nuevo y clavándola en su corazón.
Me coloco en guardia, pero la simulación termina.
- Su tiempo se ha agotado-
Respiro con dificultad, me tomo unos segundos para recuperar el aliento, y camino a pasos largos dedicando una mirada rápida a los vigilantes.
Ellos me observan en completo silencio.
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