jueves, 17 de abril de 2014

Capítulo 22

Me quedo paralizada, no me separo. ¿Cuanto tiempo llevo esperando que me besara?
Tiene que ser justo al comienzo de Los Juegos Del Hambre.
Cierro los ojos poco a poco y correspondo al beso con dulzura.
Me gusta, no quiero que se acabe...pero aun así me aparto lentamente, con las mejillas ardiendo.
Poco ha faltado para que sea un beso bañado en lágrimas.
Nathaniel me mira a los ojos, yo sostengo la mirada.
-Me gustas tu, me gustas desde que pusiste un pie en el colegio- susurra mientras me acaricia la mejilla.
-Y siento tener que decírtelo ahora, de verdad- continúa con tristeza.
En silencio, rodeo su cuello con los brazos y hundo el rostro en su pecho.
Nos quedamos así, abrazados contra la pared un buen rato, no sabría decir cuanto.
Al final acabo dormida sobre él, y noto como me sostiene y me lleva hasta la cama.
Me besa la frente y sale del cuarto. Yo esbozo una leve sonrisa antes de dejarme llevar al mundo de los sueños por completo.

Los rayos de sol se filtran cálidos y juguetones por mi ventana, y me acarician el rostro.
Aun es pronto, aunque he dormido de maravilla por primera vez desde que estoy aquí.
Voy hasta el baño y me aseo, me pongo el uniforme y voy hasta el tocador.
Paso un buen rato peinándome, para luego dejarme el cabello caer por la espalda.
Miro mi a mi reflejo a los ojos y sonrío.
En la planta reina el silencio, pero huele a tostadas recién hechas.
Avanzo hasta el comedor y me encuentro a Nathaniel sirviéndose algo de leche con cacao.
Alza la vista, y cuando me ve, su rostro se ensancha en una preciosa sonrisa.
-Buenos días, Dem- dice con voz serena y me guiña un ojo.
-Buenos días- voy hasta él y le doy un beso en la mejilla.
No nos da tiempo a hablar mucho mas, porque nuestros mentores aparecen con su habitual alegría, y también llevan uniforme, pero algo diferente al nuestro.
Ignatus observa las lámparas de araña riendo.
-Son muy bellas- dice señalándolas.
-La verdad es que son preciosas- asiento con la cabeza y sonrío.
Eleanor debe notar que algo pasó a noche, porque a los dos se nos ve rebosantes de energía y de alegría.
Nos sentamos todos y nuestra mentora comienza a hablar.
-Empezaré entrenando con Demetria, e Ignatus con Nathaniel. Luego cambiaremos y al final veremos el nivel al que habéis llegado los dos, ¿entendido?-
Asentimos con la cabeza, aunque mi compañero no está muy contento con el tener que empezar con Ignatus.
Yo evito reírme. Quizás se sorprenda.

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