Me pego todo lo que puedo a la esquina del ascensor y me tapo el rostro con las manos.
Noto las de Nathaniel sobre éstas, cálidas y fuertes.
-No sé lo que me ha pasado- digo entre sollozos.
-Será la presión- dice y me abraza con fuerza, yo me refugio entre sus brazos.
-Sólo quiero que todo esto acabe- susurro, y las puertas se abren con apenas un chirrido. Salimos fuera.
-Venga, no llores más. Se lo merecían, aunque quizás no debiste hacerlo. Querrán darte caza la primera-
Me da un vuelco al corazón. Eso implica que Cassie y él también están en peligro.
Me besa en la mejilla con cariño y luego añade:
-Mejor vete, tienen que prepararnos para las entrevistas- sonríe con dulzura.
-Espera- digo antes de que se marche.
Voy hasta él y enredo los dedos en su pelo. Me pongo de puntillas y le beso suavemente.
El sonríe sobre mis labios y me coge por la cintura.
Nos quedamos mirando un rato, hasta que oímos los tacones de Cyntia acercarse.
Nos separamos a la velocidad del rayo.
-¡Chicos! Vuestros estilistas os esperan- da palmaditas nerviosas y sonríe.
-Ya vamos- Nathan habla por mí, yo camino hasta la sala donde me espera mi equipo de maquillaje.
Todos ellos empiezan a parlotear sobre mi buena puntuación y sobre lo bien que tengo la piel todavía. Aunque me regañan por tener los labios cortados y las cejas mal peinadas.
Estoy a punto de echarme a reír, pero solo sonrío ampliamente.
Me meten en la bañera de agua caliente. Huele a lavanda, tiene un montón de burbujas y espuma.
Cierro los ojos y dejo que me apliquen las toneladas de cremas que creen necesarias (aunque mi piel estaba perfectamente desde que me la trataron la primera vez)
Me alisan el pelo y hasta que consiguen que caiga por la espalda, con un color rojo brillante y deslumbrante.
Me llenan de polvos de colorete el rostro, y pintan mis pestañas y mis ojos de negro.
Los labios, carnosos y rojos, sólo los retocan con algo de brillo.
Me ahogan en perfume y me cubren con un albornoz de seda.
Me dejan descansando en un mullido sillón hasta que Niglan aparece y me lleva hasta otra salita, con infinidad de espejos y un maniquí con mi vestido para esta noche.
Es largo, con vuelo, de color azul marino. Suelta pequeños destellos por la parte de arriba,que me deja al descubierto los hombros, y cuando me acerco veo que son diamantes diminutos.
La parte de abajo es abultada y preciosa.
-Parece de princesa...- susurro asombrada.
-Es lo que pretendo- se encoge de hombros y me ayuda a ponérmelo. Estoy muy guapa, aunque esté mal decirlo.
Los tacones son plateados y también brillan.
Me recoge algunos mechones de cabello que me tapan el rostro y me los coloca en la parte de atrás de la cabeza con un broche en forma de mariposa.
-Sé amable, intenta parecer divertida- me aconseja.
Yo asiento con la cabeza antes de ser guiada con el resto de tributos.
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