jueves, 27 de febrero de 2014

Capítulo 5



Alguien toca la puerta con los nudillos.
- ¡Deeeeeemiiiiii!- exclama una voz chillona desde fuera.
¿Desde cuándo me llaman Demi? ¿Desde cuándo Cyntia tiene derecho a aporrear mi puerta?
Ah,sí. Desde que estoy en  Los Juegos.
Me levanto refunfuñando y abro. Ella me sonríe asquerosamente y se dispone a hablar.
-¡Venga,no querrás llegar tarde!-
Estoy a punto de soltarle un "cállate" en toda regla, pero me contengo. Ló único que hago es seguirla por los pasillos hasta llegar al comedor, donde están sentados Nathan (desde pequeña le llamo así) , una mujer de ojos sabios y hundidos, y un hombre que juguetea con un tenedor y mira fijamente el mantel susurrando cosas que soy incapaz de entender.
- Estos son Eleanor e Ignatus, vuestros mentores desde este momento- dice ella soltando una risita que me pone muy nerviosa ,y con un gesto me ofrece asiento.
Voy hacia Eleanor y me planto a su lado, evitando mirarla.
-Como bien ha dicho Cyntia, somos vuestros mentores este año, y tanto Ignatus como yo os daremos los mejores consejos que sepamos-
Escucho con atención, y desvío los ojos a Ignatus, que parece volver al mundo.
Se le ha ido la cabeza, está claro. Parece que Los Juegos le afectaron bastante.
- Sois veinticuatro, sólo uno sale con vida - añade Eleanor, en tono serio
- Veinticuatro...sólo uno...- susurra nuestro mentor.
Ella le ignora, mientras permite que los avox nos sirvan la cena y prosigue con su discurso
- Debeís pensar bien la estrategia para La Arena, pero ahora centrémonos en lo primero.
La publicidad, lo que os ofrece más oportunidades de vivir. El desfile, las entrevistas.
Debéis causar muy buena impresión, sacar vuestra mejor sonrisa, ser cordiales y cercanos.
Sólo así conquistareis al público-
Observo a Nathan esta vez, también parece estar muy atento.
Yo decido empezar con la cena, pues las tripas me rugen.
Cuando dejo que el estofado inunde mi boca abro mucho los ojos.
Es lo mejor que he probado en mi vida.
El Capitolio sí que tiene lujos.
Desconecto un minuto para saborear los exquisitos manjares antes de volver a la conversación.
-¿Cómo lo conseguiremos? Después de esta pesadilla que nos ha tocado es imposible ser amables- digo con un deje de desprecio y miro de reojo a Cyntia. No me cae muy bien.

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