jueves, 27 de febrero de 2014
Capítulo 4
Abrazo a Melissa con fuerza y estrecho la mano de Edward,dejando que las lágrimas empapen mis mejillas un momento,para luego secarlas. Debo ser fuerte.
- Eh,tranquilos...todo saldrá bien - intento sonreír.
Me gustaría pensar eso, pero no es la verdad.
Me acerco a mis progenitores y les abrazo también, evitando fijarme en el ojo amoratado de mi padre.
Veo a toda mi familia llorando,aterrorizada y profundamente apenada.
- Trataré de volver - digo reuniendo todo el valor necesario para que no me tiemble la voz.
- Vuelve a casa - me susurra Edward antes de abrazarme de nuevo.
Pasamos un rato así, todos se turnan para darme besos o acariciarme el pelo. Hasta que llega de nuevo el agente y les echa.
Se me parte el corazón al observarles,al escuchar como mi hermana forcejea para reunirse conmigo, sollozando
- Volveré - las palabras salen de mis labios sin permiso, antes de que la puerta se cierre ante mis narices.
Camino hacia el tren de ida al Capitolio con Nathaniel al lado,que tiene los ojos hinchados y procura andar con seguridad. Debo decirle algo, consolarle.
-Seguro que regresas, y volverás a ver a tu familia - murmuro cálidamente antes de poner un pie en las escaleras metálicas.
Él me echa una mirada profunda, llena de significado, y asiente con la cabeza.
No me apetece ver a Cyntia, tampoco a mis mentores, así que voy de compartimento en compartimento buscando mi dormitorio, hasta que lo encuentro. Sé que es el mío porque sobre la cama hay una nota que dice : "Señorita Demetria, la cena empieza a las ocho, charlará y conocerá a sus mentores y hablaremos sobre su estancia en el lujoso y magnífico Capitolio. Le recomiendo cambiar su atiendo
-Cyntia Duffys "
Suelto un bufido y voy a lavarme la cara, luego abro el gran armario que hay a mi disposición y lo escruto con la mirada,con horror. Hay todo tipo de prendas feísimas, con colores chillones y estampados vomitivos.
Después de mucho buscar, encuentro uno grisáceo, elegante y (por alguna extraña razón) sencillo.
Me dejo el pelo suelto y me dedico a pasar el tiempo que queda para cenar mirando al techo, pensando en todo lo que he perdido.
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